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20 razones para sufrir

Del lado manudo resignación y un llamado a la paciencia

Luis Rojas
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Fue una noche tranquila; casi aburrida. Cuarenta minutos después del juego, los taxis recogían al frente de la entrada principal del Saprissa, no había alborotos, nada de presas; nadie se jactaba de la victoria, ni lloraba por la derrota. Eso fue el clásico; como que todos se han acostumbrado al resultado de siempre, no hubo alarma ni sorpresa, ni reclamos.
Antes del juego, una insulsa discusión por el uniforme, después, el “mea culpa” de Marcelo Herrera evitó que se señalaran culpables. “Planteé equivocado el partido, fui poco inteligente”. El argentino se arropó con sus jugadores, por lo hecho en la complementaria; sí, hubo más sudor, mejor táctica, pero aunque “Popeye” no lo crea así, el rival se relajó más de la cuenta porque la realidad dicta, que en estos momentos es inobjetable la diferencia de nivel entre su equipo y el otro.
Carlos Castro defendió a los jóvenes “es un buen grupo, p
erdemos todos y ganamos todos, no hay jóvenes y viejos y son muchachos que trabajan mucho”.
Argenis Fernández, una de las grandes esperanzas de la Liga, nos cuenta que faltó orden y cuando le preguntamos que porqué Pablo Herrera metido en un hueco, arrecostado a la derecha, nos explica que fue por causa de que no generaron los espacios que necesitaban.
Cristian Montero hablaba de la personalidad de su equipo en la complementaria y dijo que no fue que Saprissa se hizo atrás, sino que ellos lo “tiraron” y en su discurso sacó a relucir el clásico “dejemos esto atrás y pensemos en Brujas (próximo rival de la Liga).
El árbitro salió satisfecho; no hubo quejas; fácil control y ahora podrá contarle a sus nietos que a sus cuarentas, dirigió un clásico y no fue el malo…de la película.
La noche fue fría y lluviosa y ni las rumberitas la calentaron; el flaco Roy Myers, antes del partido y en el entretiempo clamaba al saprissismo para que votaran por su causa, de “Bailando por un sueño” y hasta le puso ritmo al asunto…quien sabe si le resultó.
Bronca no hubo, y el himno no lo tocaron evitando así que “vivan siempre Saprissa y la paz” y entre las pocas pérdidas se sumara solo la del parabrisas del bus de la Liga, que algún energúmeno quebró.
Dentro del tranquilo ambiente, varios jugadores de la Liga salieron caminando del estadio. Juan Ignacio Sills, el argentino con facciones de modelo, salió a trote del estadio donde lo esperaba la novia y el lujoso carro que los recogió.
Adentro, solo quedaban las gradas vacías y el olor a la pólvora que la Ultra utilizó para ponerle brillo a la noche, aunque alguien se preguntaba en las afueras cómo en un estadio en el que se supone revisan todo al entrar, meten pólvora…mientras no les dé a las barras por tirarse “cachiflines” todo está bien.
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