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Martes, 13 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Doble lección

Vilma Ibarra [email protected] | Miércoles 23 julio, 2008


Hablando Claro
Doble lección

Vilma Ibarra

Una democracia que se precie de madura y vigorosa pasa en gran medida por los canales del buen ejercicio político y el buen desempeño de sus medios de comunicación. Ambos fueron puestos a prueba en Estados Unidos debido a un hecho que ha servido para aquilatar la fibra del político y la capacidad de crítica y autocrítica de los medios. Ambos asuntos apasionantes.
Por eso capturó mi atención la polémica que generó la portada de la prestigiosa revista New Yorker del domingo 6 de julio en la que aparecieron Barak Obama y su esposa Michelle en el Salón Oval de la Casa Blanca. El, vestido con toga musulmana y la cabeza cubierta con turbante y ella en ropa de guerrillera empuñando una ametralladora AK47. Como fondo del decorado una foto del terrorista más buscado del mundo Osama bin Laden y para rematar, en la chimenea, una bandera de Estados Unidos a medio quemar.

La primera lección la dio el propio aludido. Sin dejar de reconocer ante el icono de la televisión estadounidense Larry King que la sátira reforzaba “muchas ideas equivocadas sobre mi mujer y yo” lo cierto es que Barak Obama asumió la situación como un político de alto fuste. Dijo al menos tres cosas para rescatar: lo más significativo fue su defensa absoluta a la libertad de expresión, “para eso tenemos la Primera Enmienda” Constitucional, sentenció. Pero como si esto fuera poco, con toda tranquilidad, Obama añadió: “entiendo que la idea de la revista fue hacer una sátira, pero no me parece que les haya salido muy bien” y aniquiló lo que pudiera quedar de dudas respecto de su reacción sobre el tema cuando replicó: “le aseguro que he visto y escuchado cosas mucho peores que esta … y … en última instancia esto es apenas un dibujo y no creo que los votantes se estén devanando los sesos pensando en el (el dibujo) para decidir su voto”.

La segunda lección es de la propia prensa. El New Yorker, una publicación de mucha tradición y prestigio que se caracteriza, entre otras cosas, por el sello inconfundible de algunas de las portadas más famosas del periodismo estadounidense ha sido objeto de crítica y autocrítica en un ejercicio sano para la credibilidad periodística. Solo para citar un ejemplo, el comentarista León Krauze afirmó que la revista “tropezó”. Pifió, diríamos nosotros. Y juzgó el desliz como “una equivocación poco común” que denotaba que “hasta al mejor cazador se le va la liebre”. Y aunque está claro que la caricatura pretendía criticar las tácticas de campaña de los detractores de los Obama, lo cierto es que ahora casi nadie duda que a la revista “le salió el tiro por la culata”.

Al momento de escribir estas líneas desconozco si New Yorker se retractó de su exceso —lo cual resultaría en un punto a su bien ganada credibilidad. Pero lo cierto es que las lecciones son de primera. Y las buenas lecciones son para seguirlas.