El Niño podría encarecer operaciones y poner a prueba a empresas de Latinoamérica
El fenómeno climático podría elevar hasta 15% los costos logísticos y generar presiones sobre electricidad, materias primas, transporte y continuidad de los negocios
El fenómeno de El Niño podría convertirse en una presión adicional para las empresas latinoamericanas durante 2026, con efectos que van desde un mayor costo de la energía y el transporte hasta dificultades para conseguir materias primas y mantener las operaciones.
El impacto dependerá de las condiciones que enfrente cada país, pero los cambios en las lluvias, las temperaturas y la disponibilidad de agua podrían terminar afectando diferentes eslabones de la actividad empresarial, de acuerdo con un análisis de WTW Corredores de Seguros.
Una de las principales preocupaciones está en la logística. Las dificultades para movilizar productos y suministros pueden generar atrasos y cuellos de botella, mientras que WTW estima que estos problemas podrían elevar hasta un 15% los costos asociados al transporte.
Para las compañías, una interrupción de este tipo no necesariamente comienza dentro de sus propias instalaciones, pues puede originarse en un proveedor, una carretera, una fuente de energía o un punto de abastecimiento y terminar afectando la producción y la atención a los clientes.
La disponibilidad de electricidad es otro factor que las empresas deberán vigilar. Una disminución en los niveles de los embalses puede limitar la generación hidroeléctrica y llevar a algunos mercados a utilizar fuentes térmicas, con costos más elevados.
Esto representa una preocupación especialmente para las actividades que requieren un alto consumo energético, ya que un cambio en la fuente de generación puede trasladarse directamente a sus gastos de operación.
Las materias primas también forman parte del escenario. El análisis de WTW destaca que cerca del 30% del suministro de fertilizantes de Latinoamérica proviene de Oriente Medio, por lo que problemas de disponibilidad o aumentos de precios en esa región pueden terminar afectando los costos y márgenes de compañías locales.
Ante estos riesgos, WTW plantea que la gestión climática debe ir más allá de contratar una póliza y formar parte de las decisiones operativas de las empresas.
“El riesgo climático dejó de ser un asunto que las empresas pueden manejar únicamente desde el área de seguros. Tiene implicaciones sobre costos, producción, abastecimiento, logística, servicio al cliente y, en última instancia, sobre los resultados del negocio”, dijo Mauricio Granados, gerente general de WTW Corredores de Seguros.
Una de las primeras tareas consiste en identificar cuáles proveedores, servicios e insumos son indispensables para mantener funcionando el negocio y qué alternativas existen en caso de una interrupción.
La firma recomienda revisar los planes de continuidad, buscar proveedores alternativos y definir fuentes de respaldo para agua, energía y combustibles.
También plantea realizar simulaciones para comprobar cuánto tiempo podría mantenerse una operación ante diferentes escenarios.
El monitoreo también puede ayudar a tomar decisiones con anticipación. Variables como las precipitaciones, las temperaturas, las reservas de agua y energía, así como las condiciones que favorecen incendios, pueden funcionar como señales para activar medidas preventivas.
En el ámbito financiero, las empresas pueden evaluar mecanismos como los seguros paramétricos, que permiten establecer pagos cuando se alcanzan determinados parámetros climáticos, por ejemplo, niveles específicos de lluvia o temperatura.
La idea es que las compañías conozcan cuánto podrían perder ante una interrupción y actúen antes de que el evento climático obligue a tomar decisiones bajo presión y con menos alternativas disponibles.