Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 15 Noviembre, 2011


¿Y ahora quién podrá defendernos?

Formo parte, porque entiendo poco, de quienes piensan que en este país la carga tributaria es muy baja.
Recuerdo una vez que conversé del tema con mi padre y me señalaba la enorme cantidad de tributos indirectos que pesan sobre quienes trabajan y producen trabajo en este país. Lección aprendida.
Sin embargo, desde que tuve esa conversación han pasado también unos cuantos años (muchos para mi pesar) y la verdad es que la ecuación sigue sin cuadrarme.
Quienes más tenemos, obligatoriamente, deberíamos pagar más.
El principio es tan sencillo que de él nadie se acuerda hoy. Basta recordar, el que ser partícipe y comprometerse con el país que merecen nuestros hijos es una obligación, no un privilegio o un derecho.
Formo parte también de quienes generamos trabajo, de quienes pagamos impuestos y de quienes contribuimos silenciosamente salvo porque LA REPUBLICA deja expresarme al devenir de este país.
Y no me parece justo que se endilgue un peso cual castigo a quienes venimos contribuyendo rigurosamente con nuestras obligaciones solamente por el hecho de pagar. Eso es lo que pensamos quienes producimos y, sobre todo, quienes contribuimos.
La crisis de la Caja ha demostrado que ese es el caso y, dan vergüenza las cuentas impagas a la institución. Sobre todo por los montos pero también por los nombres. ¡N’ombres!
¿Cómo es que alguien puede aprovecharse de lo que todos nos beneficiamos? No lo pregunto para entender razones sino, para conocer ese grado de mezquindad que no es tico. Aquí vivimos, aquí comemos, aquí somos. Damos para recibir.
Es entonces absolutamente inexplicable también que la presente administración proponga un presupuesto condicionado por muchas de sus cargas electoreras. Muchos de sus compromisos. Tantas de sus regalías. Heredadas o propias. No importa.
¿Este plan fiscal es el de Ottón Solís o el de Laura Chinchilla quien en precampaña negó toda posibilidad. O, es realmente el que este país necesita? Lo es también que Ottón Solís se abandere en un proyecto. Pregunto: ¿Está usted, don Ottón, de cara a este remedio fiscal con todas las modificaciones incluidas de acuerdo? Lo pregunto en negritas porque yo también ocupo guía.
Han de hacerme un favor ambos: el referirse al tema sin tapujos, pero sobre todo, a las exclusiones y condicionamientos que han aceptado a los diferentes sectores ¿se valen? ¿Por qué también no a los economistas?
¿Por qué no a los eruditos en economía que nos deberían de estar salvando?
¿Por qué no dispararles a los abogados?
¿Por qué no a los expertos en seguridad?
Hagamos este país crecer sin dispararnos en el pie. Aboquemos por liderazgos que se sostengan, no por simples ilusiones que se desvanecen en congresos propios. Apostemos por nuestras fortalezas y no por nuestras necesidades que esas vienen en la medida de nuestro desarrollo.
Empiezan a surgir opiniones apocalípticas respecto de nuestras finanzas. Ninguna es real hasta tanto no volvamos nuestro compromiso a las obligaciones existentes o nos alcancen nuestras deudas. Hasta ese momento, volvamos a ser responsables y en esa medida, aventurémonos por reinventar una Costa Rica que no dé risa.
Nos duele.

Pedro Oller