Nuria Marín

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Lunes 11 Enero, 2010


Creciendo [email protected]
Viajar, ¿un placer?

Confieso tener alma gitana y que me encanta conocer lugares lejanos, el intercambio con diferentes culturas, así como el disfrutar con gran deleite la diversidad de platillos y costumbres que el mundo nos presenta.
Debo reconocer, sin embargo, que después del 11-S viajar, sea por trabajo o por placer, se convirtió en todo un arte que demanda nuevos niveles de tolerancia, uso o más bien desperdicio del tiempo (1 hora más) y dotes de excelente administración.
Se trata de maximizar, entre otros, el tipo de equipaje y empaque así como la vestimenta y accesorios por portar para hacerles frente a los múltiples requisitos y trabas, y desde luego evitar a toda costa aeropuertos que se han convertido en verdaderas pesadilla como el londinense Heathrow. ¿Y todo esto para obtener mayor seguridad?
Tanto el reciente y frustrado atentado ocurrido el pasado 25 de diciembre del vuelo procedente de Ámsterdam con destino a Detroit, como la ruptura en la seguridad de la Terminal C en Newark el pasado 3 de enero, nos dejan sinsabores y preocupación sobre los avances en el tema de seguridad.
Es difícil comprender cómo a Abdul Farouk Abdulmutallab no se le canceló la visa luego de una denuncia de su propio padre, y cómo logró burlar los controles de los aeropuertos nigeriano y holandés, máxime cuando se contaba con información que indicaba que habría un atentado ese día.
En el caso de la Terminal C, resulta increíble que tomaran 80 minutos para detectar la brecha en la seguridad y aún más preocupante, que el dispositivo para grabar de las cámaras de la Autoridad de Transporte Aeroportuario no estuviera funcionando y tuvieran que recurrir al sistema de Continental.
Lo sucedido no es buena noticia para nadie. Encabezan la lista de perdedores las múltiples oficinas encargadas de la inteligencia y seguridad nacional de Estados Unidos. Se evidenció que la reestructuración realizada post 11-S, si bien la más importante desde 1947, ha sido insuficiente y persisten problemas de coordinación y flujo de información entre las agencias.
Para los pasajeros y el intercambio comercial, significará un aumento en nuevos controles (ya anunciado) que traerá mayores costos, pérdida de tiempo, pérdida de competitividad, menos turismo, por mencionar tan solo unos cuantos temas.
En el plano geopolítico, el mayor peligro sería legitimar a un grupo opositor al presidente Barack Obama, quienes han argumentado que las políticas de derechos humanos, respeto del derecho internacional y el multilateralismo de la nueva administración, debilita a Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo.
Pareciera que las únicas ganadoras son las empresas de seguridad. La incorporación de nuevas capacidades biométricas y escáneres de cuerpo completo demandarán una inversión por máquina de aproximadamente $200 mil, suma que pagaremos todos aunque signifique una nueva violación, por ¿mayor seguridad? a nuestra privacidad, debate por cierto en boga en tierras europeas.