Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 15 Abril, 2009

Hablando Claro
Vericuetos de campañas

Vilma Ibarra

A los fiebres de la política (que por aquello del malestar y del hastío) cada vez somos menos, las próximas semanas se nos presentan como un buen aperitivo de cara a la campaña electoral. El escenario (no hay que ser muy sesudo para saberlo) nos presenta las novedades ya conocidas: la semi (abierta o cerrada) convención del PAC y la primera incursión de las mujeres en la puja política de mayor calado.
En cuanto al PAC, las encuestas no favorecen en absoluto las opciones reales de hacerse con la nominación a Epsy Campbell y mucho menos a don Román Solís. Ambos parecieran más bien perfilarse en la línea sucesoria de don Ottón Solís a quien se le dibuja la última ruta hacia Zapote. Y viéndolo bien así será porque sea que gane o no en febrero, no sería más el candidato presidencial de los rojiamarillos.
Empero, lo más interesante de la convención del PAC es el nivel de enfrentamiento que permea la lucha. Nada fuera de la común en una pelea política, aunque sí fuera de lo usual en la denominada “cultura PAC” donde todos estaban acostumbrados a ser dócilmente conducidos con apego estricto a ciertas normas de comportamiento interno (y si no que lo diga la diputada rebelde). Ahora, lo reconozca a no la “gente PAC”, en sus tiendas afloró el dime que te diré, el insulto velado y la crítica ácida. Y si alguien lo duda no hay más que recordar lo que le dijo el diputado Ronald Solís a don Ottón después de haberse arrepentido de haberlo invitado a la boda de su hija… o lo que anda diciendo don Alberto Salom de doña Epsy en las concentraciones de los pacquistas, recordando lo que para él viene siendo el mayor de los pecados políticos capitales: el trabajo por consultoría…
El PAC, reitero, quiéralo o no, debe asumirse en este sentido como me dijo en una entrevista don Kevin Casas, como un partido tradicional. Con todas las debilidades y flaquezas que los seres humanos somos capaces de mostrar cuando de la búsqueda del poder se trata.
Así que si por la víspera se saca el día, el PAC terminará su convención —que dicho sea de paso nos genera aún dudas en cuanto a su capacidad de organización y ejecución— con no pocos golpes, heridas y moretones…

Contrariamente, en Liberación, la disputa (al menos hasta ahora) es la menos agria de muchas campañas que hemos seguido. Digno de resaltar esto que podría obedecer tanto al “momentum” como también a las personalidades de los dos aspirantes (porque dicho sea con todo respeto para don Fernando, no somos capaces de vislumbrar por ningún lado la sorpresa que él está seguro de darle al país) como a las condiciones mismas que plantea la lucha. Don Johnny sabe que sería suicida intentar golpear a doña Laura y en todo caso la estrategia empleada hasta ahora le ha dado un buen resultado sin necesidad de recurrir a algo semejante y doña Laura, que sigue confiando en contar con la estructura nacional verdiblanca, ciertamente ha enfilado un poco más “firmemente” las baterías contra su oponente —especialmente después del reacomodo de piezas y la revaluación de su estrategia— pero dosifica con cautela extrema el ataque. A ella tampoco le conviene aparecer como peleona.
Lo interesante en Liberación es que la contienda ha pasado de la clara ventaja de ella primero y de él después, a un virtual empate donde lo único que está claro es que cualquiera de los dos puede ganar el primer domingo de junio.