Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 8 Diciembre, 2017

Sinceramente

Venezuela y Costa Rica: crisis de la democracia

Ambas naciones construyeron con tesón y enorme esfuerzo una democracia ejemplar. Las ideas de la democracia encontraron en los dos países terreno fértil, sus pueblos dispuestos a vivir la libertad, el disfrute de la propiedad personal y el ejercicio pleno de la iniciativa individual. Este periodo de oro hermanó a ambos países, estrechó su pensamiento y propósitos.

En Venezuela se recrearon y se difundieron los principios y virtudes de la democracia cristiana, del social cristianismo y por supuesto de la social democracia. Hasta sus ciudades y centros de estudio peregrinaron los líderes legítimos de los partidos democráticos costarricenses.



Como sucede en todos los países del mundo, algunos dirigentes allá y acá no eran honestos. Fallaron los seres humanos. Grandes negocios se hacían en torno al petróleo allá y en Costa Rica el crecimiento del Estado empresario dio inicio a un proceso de negocios de particulares a la sombra de los amigos políticos en el poder. No fue extraño que las ganancias se privatizaran y que las pérdidas se socializaran.

Allá estos negocios alcanzaron una dimensión casi institucional. Acá los partidos participaron del producto del Estado metido a banquero, a productor de guaro de caña, de generador eléctrico y de manejador de las telecomunicaciones. Allá en Venezuela el resentimiento creció cuando el paternalismo sufrió un frenazo y el clientelismo tuvo un revés. El presidente Carlos Andrés Pérez vio el ocaso del bipartidismo y el presidente Caldera el fin de la democracia liberal a como se acostumbra en los países maduros democráticamente. En Costa Rica los linchamientos de los tres expresidentes se constituyeron en un punto de inflexión para el país.

Allá con alegría y entusiasmo se abrazó la tesis de la justicia social y el gasto descomunal en salud, educación, vivienda y previsión persuadió a todos de que esa había sido una ruta correcta para el país. Los demócratas cristianos y los socialdemócratas fueron relegados al canasto de los olvidos, y los partidos democráticos, profundamente divididos hasta hoy y a pesar de todo lo vivido, no han logrado reconquistar el poder por la vía electoral.

Allá el populismo sufrió su gran crisis por gastar más de sus ingresos, regalar su petróleo como arma o herramienta política de persuasión hacia muchos países, dilapidar los recursos no renovables del país, destruir la empresa privada y además por la caída de los precios del petróleo. Ya casi llega el dólar a valer los 100 millones de bolívares.

Ese país sacrificó su libertad por alcanzar la justicia social y ahora carece de ambas. Estos son los frutos del populismo de izquierdas no muy diferente del de derechas.

En Costa Rica se alimentó la sospecha sobre cualquier proyecto, sobre cualquier concesión, sobre cualquier licitación o contrato. “Todos corruptos” fue el lema de Venezuela y acá fue adaptado a nuestras circunstancias. Se paralizó el país. Los partidos en la Asamblea Legislativa que deseaban destruir el bipartidismo para tener su tajada de poder paralizaron toda obra pública, toda reforma, toda ley. El país entró en inmovilidad casi total.

Hemos apreciado cómo por ganar una batalla política se han borrado todos los límites de racionalidad y hasta de conveniencia nacional. Se ha destruido poco a poco la institucionalidad. Se ha buscado remplazar el principio de la presunción de inocencia por el de presunción de la culpabilidad.

El populismo fascistoide pareciera que irrumpe en la escena costarricense. El populismo de izquierdas hace otro tanto. Su discurso es casi idéntico, la lucha contra la corrupción. Claro ese combate, es lo que los costarricenses queremos, pero no solo eso desea el país, también puestos de trabajo, carreteras y puertos de primer mundo, un sistema de transporte público remunerado de personas de excelente calidad, equilibrio fiscal, una educación pública tan buena o mejor que la mejor del país, que las colas y demoras en la CCSS se eliminen, que el imperio del sistema legal se restablezca y cesen los linchamientos. Todos queremos que se luche contra la corrupción pero deseamos también que nuestras pensiones estén aseguradas, que se cierren las brechas de ingresos y de oportunidades entre los costarricenses, que la pobreza desaparezca, que el clientelismo vulgar que a todos ofende nunca más vuelva a revivir, que Costa Rica se ponga en movimiento otra vez.

¡Populismo, enemigo de la humanidad! ¡Cuánto daño se está haciendo a todos y a todo en su nombre y en las difamatorias acusaciones hacia personas e instituciones!

Construyamos una Costa Rica más justa, más sólida, más legal, más democrática. No destruyamos lo que tenemos, sobre esa base construyamos más y mejor. Corrijamos errores, juzguemos y castiguemos a los culpables pero no sacrifiquemos al país y su desarrollo por luchas de poder.

¡Cuidémonos de elegir populistas!

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