Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 21 Mayo, 2014

Empiezan a asomar sus cabezas intereses políticos que están maniobrando desde el fondo, con aliados sindicales, para mostrarle sus dientes al nuevo Gobierno


Hablando Claro

Un mar de fondo

Es obvio. Desde la superficie, resulta imposible advertir los inmensos ecosistemas que subyacen en las profundidades marinas. Impresionantes especies y complejas interacciones de todo tipo conviven, unas en indiferente armonía, otras aliadas para fines comunes y aquellas abiertamente enfrentadas.
Todo un cosmos de sobrevivencia.
Los seres humanos vivimos en la misma lógica, aunque evidentemente la civilización nos marcó ciertos rumbos de comportamiento social; en nuestro caso el estado de derecho en democracia, en el que reivindicamos entre muchos otros, el derecho a reclamar.
Desde su inicio, externamos nuestra negativa a esta huelga en particular y lo hicimos por una razón pragmática que seguimos sosteniendo hoy: ¿qué sentido tenía paralizar el curso lectivo del sector público con una huelga que no podía lograr como resultado final que se adelantara más de lo que era posible humana e informáticamente hablando, la cancelación total de los adeudos a los educadores que no habían recibido el 100% de sus salarios?
Ninguno. Y esto no solo por el costo de la migración del viejo sistema de planillas SIGRH del MEP al moderno, eficiente y seguro de Integra2 del Ministerio de Hacienda, sino justamente por el arrastre propio de los problemas de vieja data del modelo antiguo.
Hoy, que esta huelga corre en su tercera semana y amenaza con ampliarse a gran parte del sector público, estamos más convencidos que nunca que fue una decisión equivocada de la dirigencia magisterial.
Por supuesto que el peso de los acontecimientos va dejando en evidencia que la protesta tiene un mar de fondo que no hemos tenido capacidad de mostrar.
Probablemente porque el oleaje (el pago de salarios) resultaba tan impactante por tratarse de un tema tan sensible de afectación de derechos, no fue posible aquilatar los muchos otros intereses oscuros que subyacen en las profundidades de este mar.
Hasta ahora, nadie se ha atrevido, sea por temor, incapacidad o mero cálculo, a sumergirse en las corrientes que subyacen en el océano de los intereses de los sindicatos que pujan por aumentar sus afiliaciones e incrementar con ello su poder.
O en el deplorable oleaje de un pequeño pero muy fuerte grupo de personas que hacían parte de los juegos con las planillas del viejo, manoseado y corrupto sistema de pagos. Y como si esto no fuera suficiente, ahora también en el juego de poder en el que ya empiezan a asomar sus cabezas intereses políticos que están maniobrando desde el fondo con aliados sindicales para mostrarle sus dientes al nuevo Gobierno.
De modo que con esta huelga, los más, los que verdaderamente se han solidarizado con los educadores que no recibieron su salario completo o no lo recibieron del todo en su momento, terminarán dándose cuenta tarde que temprano que fueron sorprendidos en su buena fe. Utilizados. Porque este movimiento está teñido de intereses que van mucho más allá del propósito loable de que les paguen a todos los educadores ahora y por siempre, por el fruto completo del trabajo. Del trabajo realizado.


Vilma Ibarra