Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Miércoles 3 Febrero, 2016

 El enemigo del TLC, el acusador de quienes promovían la libertad, ahora con un poco de poder se ha retratado completico.

¿Un hombre sin palabra?

Pocas veces se ha visto tal apología de la falta de palabra como la que hace el diputado Henry Mora. Sin embargo, sus absurdos argumentos sí resultan consistentes con su mal papel como presidente de la Asamblea Legislativa, cuando la Sala Constitucional evidenció conductas contrarias a la democracia y al derecho constitucional y cuando inflaron la plaza de un chofer para dársela a la presidenta ocasional del partido. ¡Qué desastre!
Ahora, el personaje ha decidido aceptar públicamente no solo que violó el código de ética del partido por el cual se postuló y obtuvo la curul, sino que dicha violación ha sido a propósito. El hecho es que, además del desastre como presidente del Directorio de la Asamblea —dentro del cual lucen el dar por aprobado un debate que no fue aprobado y una represión de la libertad de información—, también ha incurrido en conductas prohibidas por el precitado cuerpo deontológico. ¿Entonces?
El refranero costarricense recoge la expresión “Al buey por el cacho y al hombre por la palabra”. Dicha expresión significa que el hombre vale por el cumplimiento de su palabra (está acuñado en la obra “Mil y tantos tiquismos: costarricensismos” de Luis Ferrero, Euned).
Como antecedentes de dicha expresión figuran los dichos de “al buey por el asta, y al hombre por la palabra” (hispánico) y “el caballo se ata con su freno y el hombre con su verbo” (también hispánico). Ambos se explican con la expresión de “tan sujeto queda el hombre honrado, si da su palabra…”.
Otros, en cambio, usan la palabra para lanzar denuestos, para esconder la verdad y no se sienten atados por ella. Por eso, incluso, desprecian tanto la libertad como la responsabilidad que la acompaña.
El enemigo del TLC, el acusador de quienes promovían la libertad, ahora con un poco de poder se ha retratado completico. ¡Hay que ver cómo ofendía y llenaba de cargos a quienes tenían un tanto de poder y no iban con sus tesis!
Ahora, en cambio, ha utilizado el poder para atentar contra la democracia, limitar la libertad de información, nombrar a sus adláteres y, finalmente, hacer apología de la falta de palabra.
Antaño se usaron impunemente los presupuestos universitarios para difamar a cuantos apoyaron el TLC. ¡Lástima gasto público y achará impuestos desperdiciados! Es evidente que los denuestos partían de quien no solo no respeta la palabra sino que hace apología de su incumplimiento.
Por alguna razón acuden a mi mente los versos que José Hernández pone en boca del gaucho Martín Fierro:
“Muchas cosas pierde el hombre
que a veces las vuelve a hallar;
pero les debo enseñar,
y es bueno que lo recuerden:
Si la vergüenza se pierde
jamás se vuelve a encontrar”.

Federico Malavassi