Trump reduce ventaja de Clinton, pero liderar será difícil
Donald Trump, candidato republicano, habla durante una campaña en el Trump International Hotel. Bloomberg/La República
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Kellyanne Conway asumió una complicada campaña de Trump a fines de agosto e hizo un audaz pronóstico al canal de televisión CNBC: En retrospectiva, volverían sobre las anteriores dos semanas “y dirán: ¿Cómo puede ser que la campaña de Hillary Clinton no arrasara con nosotros?”.

A Trump le llevó algunas semanas más cerrar la brecha con la nominada presidencial demócrata, que regresó a las actividades de campaña ansiosa por dejar atrás las imágenes de una Hillary mareada y vacilante en un episodio de salud del fin de semana.
Mientras Clinton pasa por un momento desfavorable en las encuestas sobre la carrera presidencial, lo que todos se preguntan es si este es el comienzo del ascenso de Trump hacia la Casa Blanca o lo más cerca que llegará.
Trump “sin duda está ahora en mejor posición”, dijo Doug Heye, un estratega republicano al cual, de todos modos, no le gusta Trump y por quien no piensa votar.
David Plouffe, que dirigió la campaña de 2008 del presidente Barack Obama, admitió lo reñido de la competencia pero se mostró optimista respecto de una victoria de Clinton.
La propia campaña de Trump se encontró a la defensiva en relación con la pregunta de si el candidato cree que Obama nació en Estados Unidos.
Trump no dijo lo mismo en una entrevista del Washington Post cuando se le preguntó si desistiría de su intento de demostrar que Obama no había nacido en Estados Unidos. Llovieron las críticas, y la campaña se apresuró a aclarar las cosas con su declaración.
Antes de ese revés, Trump atravesaba por un buen momento. Su campaña decidió que esta era la semana adecuada para pisar el acelerador. Sus colaboradores sentían que por fin había llegado la oportunidad de inclinar la balanza a su favor.
Mientras Clinton se recuperaba en su casa de una neumonía y canales de televisión y medios sociales repetían las imágenes de la candidata deshidratada que se esforzaba por mantenerse en pie, Trump hizo apariciones televisivas e introdujo sus niveles de testosterona en la conversación política; dio a conocer un plan para ayudar a los padres con los gastos del cuidado infantil; asistió a una iglesia negra en Michigan sabiendo que podría enfrentar un público hostil, se presentó en actos ante entusiastas seguidores en tres estados en disputa; recorrió la Galería de la Fama del Fútbol Profesional y redobló sus apariciones en programas de noticias de cable.
Para el jueves, luego de tres días de ausencia de Clinton de la campaña, Trump había subido en las encuestas, que sugerían una posición mucho más fuerte contra la nominada demócrata. Al volver a la campaña, Clinton descubrió que su ventaja se había reducido a dos puntos en las últimas encuestas de New York Times/CBS News y de Economist/YouGov. Algunas encuestas recientes indican que ahora lidera Trump, si bien por escaso margen, en Ohio, Florida, Carolina del Norte, Nevada y Iowa.
Las encuestas empezaron a inclinarse hacia Trump a principios de setiembre, incluso antes de que Clinton fuera blanco de críticas al calificar a algunos de los votantes de Trump de racistas y sexistas, y luego por su manejo de un episodio de salud, señalaron observadores políticos.
“El hecho de que Clinton baje todo el tiempo no llevó tranquilidad a la gente respecto de que está a la altura de la tarea, pero lo más importante es que dio a la gente permiso para hacer lo que ha querido hacer todo el tiempo: votar por un cambio”, dijo Alex Castellanos, un operador republicano que habló contra Trump durante las primarias pero que ahora apoya al candidato.
Peter Hart, un destacado encuestador demócrata, dijo que lo reñido de la carrera refleja el hecho de que las cifras de Trump se estabilizan luego de un agosto desastroso, cuando “trató de ser lo más ofensivo posible con cada grupo de votantes” y el apoyo a Clinton declinó luego de su “excelente convención” en julio.
“Hillary Clinton tuvo la mala suerte de padecer neumonía en el peor momento, y eso afectó su discurso en cuanto a transparencia y apertura”, dijo Hart.
“Pienso que los votantes estadounidenses no quieren que Donald Trump sea el próximo presidente. Lo que tratan de hacer es determinar si pueden apoyar a Hillary Clinton”, añadió Hart. “Los votantes aún se encuentran en ese proceso”, dijo al advertir que no debe asumirse que Clinton tiene la elección ganada.



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