Trump fue enorme atleta
Fanático acérrimo de los Yankees de Nueva York, le han dedicado a Trump varios juegos para que lance la primera bola. Archivo/La República
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Donald Trump fue un activo deportista en su juventud; a los 13 años de edad sus padres lo matricularon en la New York Military Academy después de ser expulsado del colegio anterior, aventurándose a que la disciplina del nuevo plantel educativo lo ayudaría: vaya que lo lograron.

El rubio adolescente de inmediato empezó a mostrar habilidades en la práctica de diferentes disciplinas deportivas, sobre todo en el béisbol, pero igual lo hacía bien en el fútbol americano y en el fútbol soccer.



Su compañero de aula y muy buen deportista, Ted Levine, con el paso de los años no se cansó de brindar declaraciones a medios deportivos de todo el planeta, conforme su amigo se convertía en una figura mediática, asegurando que el joven Donald pudo ser un deportista profesional en cualquiera de estas tres disciplinas, pero especialmente en el deporte rey.

“Simplemente era el mejor, un gran atleta, pudo ser lanzador estelar porque tiraba a 80 millas por hora. Yo era su receptor y me ponía la mano negra y morada todos los días.

Igual jugaba muy bien al fútbol, dotado de una potencia física y mental extraordinaria”, dijo Levine en una oportunidad al diario AS de España.

Sus compañeros en los diferentes equipos en los que jugaba el hoy presidente de Estados Unidos, lo recuerdan con hambre de ser el número uno, de ser notado y reconocido.

Otro amigo suyo de la época, el coronel retirado Ted Dobias, le dijo al Washington Post en 2015, que a Trump le encantaban los “cumplidos”, le gustaba que lo halagaran.

Los “sobalevas”, como califican en España a los aduladores de oficio, le decían al mozalbete de 19 o 20 años de edad, “eres el número uno”; “sos el mejor”, “eres un superdotado” y Donald se lo creía. Le encantaban los cumplidos. Era el pez gordo en el campus.

Terminada su etapa de estudios y sumergido en el mundo de los negocios, Trump fue dueño de varios equipos.

En 1983 compró a los Generales de Nueva Jersey, franquicia que había nacido apenas un año antes, para que compitiera en la Liga de Fútbol de Estados Unidos, la cual surgió para competir mano a mano con la NFL. El magnate dejó ahí su sello aunque en 1986 esta Liga desapareció.

Apasionado del golf, Jack Nicklaus, una de las leyendas de este deporte, lo apoyó en la campaña hacia la Presidencia; Trump es propietario de varios y lujosos campos de golf profesionales, pero su punto débil es el béisbol, quizá porque lo practicó con notable éxito según lo reseñó.

Fanático de los Yanquis de Nueva York, le gusta asistir al estadio de los Mulos a su palco privado, pero baja al diamante a compartir con los jugadores.

En 2007, Trump participó en WrestleMania, el principal evento de lucha libre en Estados Unidos, desafió al presidente de esta Liga, Vince McMahon, Donald le ganó la apuesta y peló a rape a su amigo.

Entonces, el Presidente de Estados Unidos quizá domine el país más poderoso del mundo con la misma versatilidad con la que lanzaba una pelota de béisbol, dominaba un balón y encestaba una canasta.


Deporte lo rechaza


El deporte profesional se volcó en contra de la elección de Trump.
LeBron James y compañía se niegan a hospedarse en los hoteles propiedad del magnate.
Richard Jefferson e Iman Shumpert, han expresado su decepción por la victoria de Trump.
La NBA repleta de jugadores afroamericanos, detesta al 45 presidente del país.
Tom Brady, estrella de la NFL, se guardó su opinión.
Charles Barkley y Doc Rivers, desaprueban el populismo y la radicalización del nuevo Presidente.
Gregg Popovich y Stan Van Gundy dijeron sentirse avergonzados tras el triunfo del magnate.
Colin Kaepernick calificó como una “desgracia” su elección.



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