Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 26 Septiembre, 2013

La pelea en los foros internacionales y con los países amigos debe acompañarse asimismo de una bien armada presencia en los bordes de Calero


De cal y de arena

Trampas, torpezas y mentiras

El país acuerpa al gobierno aunque… hay demasiadas verdades a medias, demasiadas mentiras completas, demasiada contaminación politiquera en ese tema tan delicado de la conflictiva relación con el gobierno de Nicaragua.
Hace años de este padecimiento y todavía no está demostrado que el gobierno de Costa Rica tenga una política de Estado para encaminar tan espinosa cuestión.
Hoy padecemos la hepática, sinuosa y oportunista provocación de Managua. Y aunque así no fuese, nuestros gobiernos no han sabido acometer el desarrollo de la región fronteriza norte con el acompañamiento de las provisiones idóneas para cautelar la soberanía y defender la integridad territorial nacional.
Reactivos ante la provocación, nuestros gobiernos también se han enredado en sus mecates y esta administración ha caído en la trampa de la estrategia y la táctica de Ortega y Pastora. Costa Rica no ha terminado la demarcación de toda el área fronteriza, los mares incluidos. Incidentes en Conventillos, Peñas Blancas, el San Juan, los conflictos durante la administración Oduber (grave el del ametrallamiento del bote del ministro Mario Charpantier). Harto complejos fueron los incidentes entre los dos gobiernos en el cuatrienio 1978-1982 y los derivados de la tolerancia de la administración Monge a las actividades contrarrevolucionarias.
Entonces —igual hoy— a los costarricenses se nos sofocó con verdades a medias y ocultamientos de la realidad. Lo peor es el sino de Isla Calero, ayer bajo nuestra soberanía y ahora territorio en disputa por efecto de una desgraciada gestión del expediente que se abrió en la Corte Internacional de Justicia.
Así las cosas, es difícil evitar los recelos hacia el gobierno, más si es un gobierno sumido en el descrédito y la desconfianza, con el antecedente de los policías que salieron en estampida. Sorprendente, este 16 de setiembre lo dijo doña Laura: “Cuando ya uno no puede creer en la palabra de un gobernante, es muy difícil”.
Al manejo evidentemente torpe que derivó en la lacerante afectación de la soberanía sobre isla Calero, hoy se agrega la agresividad, la impertinencia, la audacia propias de los ignorantes, que definen los actos del dueto Ortega-Pastora, descaradamente violatorios de lo resuelto por La Haya.
Sus actos son factor de distracción habilidosamente sembrado para atizar las angustias que provoca en los costarricenses la percepción de que nuestro gobierno está acorralado por la estrategia que plantea la Nicaragua secuestrada.
Nos acaban de pillar confiados en que en Calero ningún atropello volverían a cometer y sin disponer siquiera de la vigilancia que provee la moderna tecnología. ¿Cuándo metieron su maquinaria, cuándo abrieron los canales… cómo fue que vimos tarde el atropello?
La pelea en los foros internacionales y con los países amigos debe acompañarse asimismo de una bien armada presencia en los bordes de Calero.

Álvaro Madrigal