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Jueves 30 Octubre, 2014

Es irónico que quien debe contar con los mayores controles de seguridad para proteger nuestros datos no lo logra hacer


Todos somos Keylor

Recientemente dos noticias impactaron la imagen de Keylor Navas. Una al recibir el premio como mejor arquero de la Liga española y otra porque él y su familia fueron blanco de una violación a su privacidad por parte del OIJ.
Por más que quisiéramos ser Keylor y jugar en el Bernabéu, debemos conformarnos con verlo por televisión y apoyar a quien ha sabido sortear las vicisitudes de la vida y lograr un nombre entre las estrellas del fútbol.
Si en algo nos parecemos a él es que nuestros datos personales también pueden ser objeto de un “manoseo” por parte de quienes deberían mantener la seguridad de los mismos a nivel estatal.
La noticia del abuso a la privacidad del madridista no es de extrañar si lo vemos en conjunto con la gran cantidad de robos de información que existen a nivel global.
En setiembre millones de claves y contraseñas de Gmail fueron robadas y publicadas comprometiendo la seguridad de los titulares de las mismas; por otro lado hace menos de un año la tienda Target vio como perdía la información de tarjetas de crédito y débito de millones de sus clientes por una violación a los sistemas de seguridad de datos personales.
Hace menos de un mes, la Secretaría General de la Corte Suprema de Justicia indicó a todos los despachos judiciales del país en la circular Nº193-2014, que en aplicación de la Ley N°8968 el Poder Judicial debe establecer los pasos a seguir para la recolección, almacenamiento, tratamiento y manejo de los datos personales incluidos en resoluciones o documentos judiciales, que contengan datos sensibles.
El artículo 11 de dicha circular refuerza lo ya indicado en el inciso 4 del artículo 5 de la ley sobre lo referente al uso de datos para un fin específico y la imposibilidad de utilizarlos para fines no autorizados.
Es irónico que quien debe contar con los mayores controles de seguridad para proteger nuestros datos no lo logra hacer, y deba acudir a una circular, emitida varios años después de creada la ley para recordarles a sus colaboradores lo importante de la protección de los datos personales, pudiendo haberlo hecho con anterioridad si hubiera habido interés real en el tema.
En este caso el daño ya se dio, y quien sabe para qué fin se está utilizando la información, pues si bien ahora pueden realizar las investigaciones pertinentes y señalar responsables, si la información fue publicada en Internet es imposible detener su flujo o eliminarla, pudiendo generarle un grave daño a Keylor y a su familia.
Si logramos entender que hoy en día los datos valen mucho más de lo que creemos, lograremos interiorizar por qué es necesario contar con leyes de protección que se cumplan y que se adapten a la realidad y a los cambios tecnológicos. Cualquier dato personal, por más insignificante que creamos que sea tiene alguna utilidad para alguien.

Juan Ignacio Zamora

Máster en derecho de tecnologías de la información y propiedad intelectual