Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 26 Septiembre, 2013

Un gran sector de ciudadanos (65-70%) de muy diversos intereses, espera un mensaje directo y comprometido con sus prioridades, ya sea para decidir votar o abstenerse


Todas las encuestas coinciden

Seguramente a usted lo tienen “loco” con tantas encuestas y se pregunta ¿Dios mío, a cuál le creo? Le voy a ayudar haciendo una lectura coincidente de las diferentes encuestas sobre las intenciones del voto del costarricense, así verá que todas tienen cosas “gordas” en común.
Empecemos por decir que cada día es más evidente que el costarricense ya no vota por colores partidarios, no tiene la camiseta “pegada al pecho” como su principal influencia de decisión. Hay un desarraigo partidista, un marcado desalineamiento que ha venido en crecimiento elección tras elección.
Tan solo existe un 30-35% de ciudadanos que se identifican como “aficionados” a un partido político. Entre 65-70% no tienen partido, son los que esperan el impacto de los candidatos y de sus mensajes para decidir el voto a última hora o para quedarse en casa.
El PLN por décadas tuvo un caudal electoral que rondaba el 35%, hoy las diferentes encuestas muestran que en el mejor escenario tiene entre 17-22%.
El PUSC, que ciertamente ha recuperado algo del caudal electoral que había prestado a otros partidos representa hoy un 8-10% de afiliación, no es ni la tercera parte de lo que fue a principios del presente siglo.
Los demás partidos unidos suman afiliaciones que van entre 7-10%.
Es importante considerar el cambio en los datos del PLN, que siempre se benefició del abstencionismo, puesto que en épocas pasadas su fuerte afiliación partidaria y su capacidad de movilizarla el día de las elecciones le permitía con facilidad llegar al 40% de los votos emitidos requeridos para ganar.
Sin embargo, hoy un 17-22% de afiliación no es garantía de triunfo en primera ronda, puesto que esta cifra se transforma en un 30-35% de los votos emitidos si tan solo se acercan a votar el 60-65% del 100% total del padrón electoral.
Mantengo la tesis de que los tres últimos Presidentes de la República tuvieron —por características particulares— la posibilidad de sumar adeptos fuera de sus partidos políticos: Abel Pacheco, Óscar Arias y Laura Chinchilla. Tenían atractivos que trascendían a las clientelas partidarias.
La situación del actual candidato del PLN, Johnny Araya, es diferente, él es del mismo tamaño que su partido, el cual está disminuido. Lo que aunado a la impopularidad del actual gobierno del PLN le dificulta aún más llegar al umbral del 40% de los votos emitidos para triunfar en primera vuelta.
Otro tema importante, percibo un votante indeciso atento a cual podrá ser el rival del PLN para beneficiarle con su voto. En las encuestas el PLN es el partido que tiene el mayor rechazo. Por eso el gran tema de la actual campaña está en la disputa de los partidos opositores al PLN por ubicarse como la segunda fuerza electoral y generar empatías, pues alcanzarle es muy difícil; el triunfo más plausible de la oposición es promover una segunda ronda.
Aquí el que se sienta ganador o el que “tire la toalla” pierde perspectiva o la oportunidad de dar la pelea. Eso sí, una campaña como esta requiere más recursos económicos que otras, por existir un gran sector de ciudadanos (65-70%) de muy diversos intereses que está esperando un mensaje directo y comprometido con sus prioridades, ya sea para decidir votar o abstenerse de participar.

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo