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Viernes 30 Mayo, 2014

La creatividad e imaginación de los seres humanos formados, empoderados y motivados no tienen límite.  ¿Cómo aprovecharlas y hacer el balance adecuado con las TIC?


TI-Ética

A la hora de realizar una inversión en las TIC (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) usualmente se analiza el periodo de su recuperación.  Se determina el costo total (costos directos + costos indirectos) y se compara con los beneficios que se obtendrán por su implementación.  Estos van desde ahorros en materiales, simplificación de trámites hasta la agilidad en el proceso, calidad en el servicio o producto y otros.
Sin embargo, resulta poco ético e incluso, evidencia falta de visión de la dirección, el incluir dentro del rubro de “beneficios”, la cantidad de personal que se va a despedir cuando entre en funcionamiento la nueva tecnología. 
Las TIC son concebidas para servir al ser humano, no al revés.  Se consideran para automatizar tareas repetitivas o para eliminar desperdicios, sea dentro de un proceso de manufactura o de servicios  (entiéndase como desperdicios toda aquella tarea que no agrega valor al proceso o producto tal como transportes y autorizaciones innecesarias, demoras y otros).  Pero nunca el recurso humano podrá considerarse como un desperdicio.
Este enfoque reduccionista del empleado, incrementa la resistencia al cambio de los colaboradores. Una organización se compone de seres humanos y simplemente no van a reaccionar favorablemente ante el posible escenario de que un sistema de información o una nueva máquina los reemplace. 
El alto desempleo en países desarrollados debido, entre otras cosas, a la implementación de tecnologías de punta que sustituyen a las personas, es concluyente.  Hoy vemos impresoras 3D que logran fabricar diez casas de 200 m2 por día.  ¿Y qué pasa con toda la gente que participaba antes en la construcción?
No se propone que se desaprovechen los avances en la tecnología.  Al contrario, se propone que se utilicen para lo que realmente fueron creadas, que es apalancar la competitividad de la empresa, posibilitando que se logren sus objetivos. 
Si el recurso humano ya no tiene que ejecutar tareas manuales, como asientos contables o como una operación dentro de una línea de producción, se debe aprovechar en labores que agreguen valor. 
Esto enviará un mensaje positivo al resto de la organización indicando que el cambio es bueno y que las TIC realmente van a favorecer su calidad de vida; así las verán como una oportunidad y no como una amenaza. 
La creatividad y la imaginación de los seres humanos formados, empoderados y motivados no tienen límite.  ¿Cómo aprovecharlas y hacer el balance adecuado con las TIC? Ahí es donde entra el arte de administrar.  Ahí es donde se hace valer el título de gerente, CEO, presidente ejecutivo u otros. 
Es donde se debe demostrar la capacidad de gerenciar de forma correcta todos los recursos y principalmente, por un deber ético, el recurso humano.  Incentivar la polifuncionalidad es una opción para que el colaborador se adapte y que se pueda evitar su despido. Él, el cliente y finalmente el país, lo agradecerán.


Jesús Morgan Asch

Ingeniero