Siany Villalobos Argüello

Siany Villalobos Argüello

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Martes 17 Octubre, 2017

Tenebroso llamado a elecciones nacionales

Costa Rica ha vivido una de las democracias más sobresalientes de América Latina, nuestra nación ha sido modelo de democracia, porque ha creído y cree en un sistema político que respeta la libertad y la dignidad humana; y porque cree en un gobierno que tiene como objeto el bien común.

Nuestro modelo de gobierno, según lo establece la Constitución Política; “es popular, representativo, participativo, alternativo y responsable”, pero requiere una participación más activa de la ciudadanía en la toma de decisiones.



Ante la desesperanza, la apatía y el enojo de las y los costarricenses con la política electoral, hace bien el Tribunal Supremo de Elecciones en llamar a la población a ejercer un voto informado, un voto responsable. Sin embargo, llama la atención la forma en que se da el banderazo de salida por parte del presidente de dicho órgano electoral. Es, en buena medida, desazonado este llamado a votar, con un análisis de coyuntura muy gris hacia la próxima elección, señalando: “Vamos a cruzar el Zurquí en medio de un aguacero torrencial y en medio de la más densa neblina. Es imperioso poner las luces altas, abrir bien los ojos y agudizar el oído. Toda nuestra atención debe estar en la carretera, porque los peligros son muchos y descuidarse podría tener consecuencias fatales”.

Si bien es cierto la motivación en el electorado es escasa para emitir el voto, y por el contrario existe molestia, no es con este nivel de tenebrosidad que lograremos una mayor participación de la ciudadanía en la emisión del sufragio.

Cada vez que se habla del tema electoral, mayoritariamente se manifiesta de manera negativa, por tal razón no queda más que reflexionar sobre la siguiente pregunta: ¿Cómo lograr la credibilidad y la esperanza en los políticos y en el proceso electoral?

Quienes viven plenamente el proceso electoral desde los grupos de base pueden responder a esta pregunta. La preparación y organización de una campaña política, el utilizar tiempo de descanso en reuniones por las noches o los fines de semana, el llamado a colaborar en las diferentes tareas (electorales, financieras, propaganda, día “E”, seguridad, transporte, entre otros), la cantidad de horas caminando para visitar casa por casa y solicitar el apoyo al candidato de preferencia, dando la cara, y con el agravante de ser regañado y ¡hasta insultado! por los errores de otras personas. Este proceso, sin duda, permite que los criterios cambien, y la política se puede ver y vivir desde otro lugar: la construcción colectiva.

A todas aquellas personas que no crean en este noble proceso electoral, las invito a involucrarse, arrollarse las mangas, a no ser simples espectadores y a convertirse en factores del cambio, estoy segura de que una buena mayoría de las organizaciones de base, independientemente del partido político en que milite, actúan de buena fe, con la esperanza e ilusión de proveer un mejor desarrollo para su barrio, cantón o provincia, y desde luego para el país.

Si realmente queremos una transformación de la política nacional, ya es hora de participar, de entregar tiempo a los demás y al país. Llegó la hora de asumir la responsabilidad que tenemos todas y todos los ciudadanos costarricenses de ejercer el derecho y la obligación de emitir el voto. Actualmente, contamos con suficientes opciones para elegir, y recuerde, alguien tiene que dirigir los destinos del país, su futuro y el de los suyos. Usted decide…