Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 26 Abril, 2011


Tantos partes… pero sin novedad

“Que gane el quiero la guerra del puedo.” Joaquín Sabina
Empiezo a creer y a convencerme que, efectiva y tristemente, este país ha caído en una desvergüenza sin precedentes. Ya aquí no importa lo que pase, ni el porqué, lo único importante es permanecer in situ a pesar de los pesares.
Don José María Tijerino reconoció que su participación en el “Kölbi-gate”, a propósito de su hoy primo Rodrigo Arias ¿alguien se enteró de previo? había infligido un daño irreparable al sistema. Y sin embargo, no renunció.
“Pido disculpas, la llamada me mortifica… fue un error (…) no es común que se hagan esas llamadas”, declaró el Ministro ante la Comisión investigadora de la Asamblea Legislativa.
Sentencia el caballero: “Comprometí la credibilidad en el Poder Judicial”. Nada más.
Y sin embargo, salió de ahí a su Ministerio con un chorro de guardaespaldas que quizás le palmearon el derrière tras su presentación, por decir lo planeado, por limitarse a eso y por seguir sin importar. Algunos diputados le pidieron la renuncia pero expresamente dijo, actitudes más y palabras menos “de aquí no me muevo”. Censurable no solo que no se vaya, sino mucho más que no le pidan irse en Zapote.
Al medio, don Luis Paulino Mora, presidente del Poder Judicial, confesó públicamente sentirse inseguro. Esa no la cuadro por más que quiera. ¿Por qué y para qué el señor magistrado decide rebelarse y, en el proceso, zafar la tabla al Gobierno y a su cuadrilla? ¿No participó también de ese acrónimo indigerible que es POLSPEAZ? Recuerdo verlo en su presentación.
La opinión pública endilga a la Corte ineficiencia en su función, portillos abiertos de par en par, corrupción (véase Fiscalía en Limón), entrabamiento y desamparo para los ciudadanos de buena voluntad. ¿En qué ayudó don Luis Paulino con su mea culpa sin que medie en acompañamiento un plan de acción restaurativo de su acción frente al Poder Judicial, la credibilidad y por encima de todo, el propósito de este? En nada.
Y cierro con don Marco Vargas quien, saliendo del cargo, decidió inmolarse con un artículo de opinión cuyo propósito es un misterio, un escrito in memoriam que no es testamento sino traslado de responsabilidades —so pena— que se las imputen.
Tras aferrarse innecesariamente al cargo, verse en la necesidad de publicar en prensa su balance y su visión, demuestra su ineficacia en el cargo de Ministro de la Presidencia. Servirse de una página de diario para reivindicar lo que no pudo hacer ni en Zapote ni en Cuesta de Moras, da pena.
¿Cuándo pudo don Marco decidir dentro de sus responsabilidades entre lo importante, lo urgente y lo posible? Ni siquiera la mala experiencia del aumentazo le ayudó en tales consideraciones. Aduce: “Desde el mismo momento en que inicié el trabajo pude ver los más negros nubarrones en el horizonte. Tras once meses de intenso trabajo y constatar que lejos de irse despejando ese panorama, este se complica a diario, ofrecí a la señora Presidenta mi renuncia para darle la oportunidad de dar otra dirección al Gobierno”. Lástima para el Gobierno y para el país, que le tomara un año percatarse de la necesidad de otra dirección.
Para quienes llegan a desempeñarse en la función pública, la obra maestra de Cicerón, “Sobre los Deberes”, debería ser de lectura obligatoria y de aplicación necesaria.
“Que ser cobarde no valga la pena.” Joaquín Sabina

Pedro Oller