Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 2 Abril, 2015

La gestión del presidente Solís marcha mal, no hay que llamarse a engaño

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Tacto Presidente, tacto

 

Antes de leer estas líneas usted debe tener claro dos cosas. Primero, efectivamente, soy amigo del Dr. Óscar Arias; segundo, no fui parte de sus equipos de gobierno. Me une una sincera amistad, condimentada de mi parte por el reconocimiento de su claridad política y por ser consecuente con un proyecto que imaginó. Gusto de su equilibrio entre Estado-mercado y de la consustancialidad de lo público-privado como estrategia para el desarrollo.

En días pasados Arias fue agraviado por el presidente Solís, quien sin necesidad y sin argumentos cuestionó su honorabilidad para luego ofrecerle disculpas, pero el daño quedó. Solís le debe unas disculpas a APM Terminals, pues con las mismas declaraciones dejó en duda la transparencia en la relación de la compañía con el Estado costarricense.

Son válidas las diferencias de ideas y proyectos, pero la solemnidad del puesto de Presidente obliga a ser respetuoso de quienes le antecedieron. Más cuando hace algunos días proponía reunirse con Arias para pedirle apoyo para la Reforma Fiscal, inclusive se reunió a escondidas con su hermano.

Ciertamente ofreció disculpas públicas, tal como lo hizo en otro caso similar en campaña, empero, una cosa es equivocarse como candidato y otra como Presidente, pues la majestuosidad de su cargo le obliga a mayor prudencia y exactitud en sus declaraciones.

Estoy convencido, por este y otros eventos, que el problema mayor del Sr. Presidente es que habla mucho, demasiado. En cualquier escenario toca temas delicados, no tiene discrecionalidad temática. Participa en eventos de segunda y tercera categoría para la presencia de un mandatario que tiene múltiples e importantes ocupaciones, asume reuniones que corresponden a sus ministros.

En todas las actividades permite que le pregunten de todo, lo atribulan con micrófonos y cámaras. En ocasiones sin la información pertinente se atreve a dar criterios que contravienen lo que han dicho sus ministros o presidentes ejecutivos. En reuniones de rigor hace comentarios inoportunos y poco meditados que luego le comprometen.

Un líder sabe que tiene dos ojos, dos oídos y tan solo una boca para ver y oír el doble de lo que habla. El líder habla con la acción.

La competencia presidencial debe darse en el marco de la excelencia de gobiernos, no desacreditando sin sustento a sus antecesores. El Presidente no puede ser parte de esa campaña generalizada que hace creer que toda la clase política es un nido de ladrones y corruptos, es el peor error que un Presidente puede promover para su país.

Alguna vez el presidente Solís me dijo que él es continuidad de la cadena republicana iniciada por Castro Madriz, hoy se lo recuerdo, pues se requiere altura y solemnidad, no populismo exacerbado, para que nuestro país continúe por el camino republicano.

La gestión del presidente Solís marcha mal, no hay que llamarse a engaño, y flaco favor le hace con declaraciones inoportunas y fuera de contexto para complacer a pequeños auditorios que le comprometen. Recordemos lo que dijo el poeta y pensador Emerson: “Toda violación de la verdad no es solamente una especie de suicidio del embustero, sino una puñalada en la salud de la sociedad humana”.

 

Politólogo

 

Claudio Alpízar Otoya