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Jueves 30 Diciembre, 2010


Subsidio a los montadores


Entendemos la política como el arte de beneficiar al mayor número de personas distribuyendo los bienes del Estado o bienes públicos con justicia y equidad; es un componente imprescindible de la democracia que como forma de gobierno hemos escogido para nuestro país. Cada cierto tiempo escogemos a nuestros gobernantes por votación directa para permitirles desarrollar los programas de gobierno en que nos ofrecen probidad, igualdad y garantía de buena administración.
Pero una vez electos, muchos de quienes ejercen cargos públicos se preocupan más por repartir bienes que no son propios que de utilizar las herramientas de la buena administración para el cumplimiento de los objetivos.
En comentario anterior, me referí a la oferta de pensión a los 57 años, una verdadera utopía carente de sentido común.
Ahora nos encontramos otra idea que nos mueve a preguntarnos: ¿cómo es posible que no se le haya ocurrido a alguien antes? ¡Darle un subsidio a los montadores de toros!
¡Imagínese usted, que paguemos impuestos para beneficiar a unas poquísimas personas que se encaraman en las bestias en los festejos populares! La verdad que con estas ideas uno sabe si reír o llorar.
Gracias a la sensatez de algunos padres de la patria la idea no pasó de ser un destello y lo rechazaron “ad portas”, pero me pregunto: ¿no tendrán estas luminarias un consejero sensato que les hale la chaqueta cuando proponen estas barbaridades?
Qué bonito sería que a los diputados se les impartiera un curso básico de la forma en que debe ejercerse el poder en la democracia, la importancia de las acciones y los fines del Estado, entender que es una creación del ser humano obedeciendo a la necesidad de estar jurídicamente organizados con una estructura indispensable para crear normas o leyes que deben ser acatadas por toda la población y que el objetivo del Estado es el desarrollo de una justicia social y la mejor forma repartir la riqueza, lo que se resume en que la función principal del Estado es de vida social como verdadero instrumento para el bien común de todos los habitantes, esto es lo conocido como bienestar social.
Debemos estar alertas, no vaya a ser que también se proponga subvencionar a los surfistas por el riesgo de flotar en tablas sobre las olas o los ataques de tiburones; a los choferes picones de las carreteras que se exponen al peligro de las altas velocidades; o a los niños que se deslizan con cartones en el césped del Parque de la Paz, para que los curen cuando se “chollan” las nalgas.
El país pasa por una situación difícil en lo económico, se gasta más de lo que se recibe, los presupuestos se están financiando en gran parte con endeudamiento, se buscan más impuestos para poder cubrir las necesidades básicas (paquete fiscal), y carece de lógica distraerse proponiendo ocurrencias para gastar recursos públicos, buscando congraciarse con unos pocos. Lo que no nos cuesta, hagámoslo fiesta.

Alfredo Blanco Odio
Estadístico – Abogado
Doctor en Estudios Latinoamericanos