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Ser felices es nuestra verdadera razón de ser, el fin último en la vida. Aristóteles en ‘Ética para Nicómaco’ planteó que la felicidad no tiene un propósito más allá, es fin en sí misma, contrario al resto de las acciones y las virtudes que sí tendrían un fin ulterior.

Ahora bien, la felicidad es algo diferente para cada uno, y la principal tarea en la vida es descubrir el significado de la felicidad propia. Cada quien puede -y debe- darle contenido a esa narrativa, contar la propia historia de su felicidad. Porque lo cierto es que la felicidad no depende de condiciones objetivas, sino de mis expectativas subjetivas.

En nuestros tiempos, tan orientados por el consumo, es muy fácil confundir la felicidad del ser con el tener. Es como si la gratificación de tener lo que quiero sustituyera la felicidad de apreciar lo que tengo. Y esa es una lucha que todos conocemos, todos los días.

¿Soy feliz? Si no lo soy, ¿cómo serlo? Es la pregunta mas importante de cada ser humano. Y aceptémoslo, para mas personas de las que quisiéramos esta pregunta se oculta tras las penurias diarias de la miseria y la pobreza, problema que nos atañe a todos y no solo a quien las sufre. Y quienes no sufrimos la pobreza, probablemente nos afecta el rencor, el miedo, la envidia, la frustración y muchas otras emociones (a veces justificaciones) enemigas de la verdadera felicidad.

Aún así todos podemos liberarnos, perdonar, sentir, dejar ir y darnos cuenta de que el regalo de la felicidad nos fue dado a todos, junto con el regalo de la vida.


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