Claudio Alpízar

Claudio Alpízar

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Jueves 26 Febrero, 2015

En nombre de la democracia, tanto la derecha como la izquierda, han promovido los horrores más despreciables y denigrantes


Somos un tímido faro en América Latina

En todos los estudios sobre la democracia en América Latina, nuestro país siempre aparece alternándose con Uruguay y Chile en los primeros lugares.
Costa Rica tiene todo para ser un faro potente de luz en el continente por su libertad de movilización, de expresión, de asociación, de respeto a los derechos humanos, por su paz y por mucho más.


Empero, pareciera que nuestras autoridades no están conscientes de lo que representamos para pronunciarse con voz y posiciones fuertes, más cuando en algún lugar de la región se pisotean esos valores por gobiernos que se amparan en democracias reducidas al ejercicio del voto manipulado.
Venezuela viene en un constante menoscabo de su sistema democrático por aquellos que encontraron en este el mejor instrumento para ascender y perpetuarse en el poder.
No dudo que quienes anteriormente habían ejercido el poder lo hicieron con altos grados de irresponsabilidad y poca solidaridad. Sin embargo, esto debió ser el aliciente para mejorar las situaciones democráticas de esa nación y no promover un deterioro mayor con una polarización insensata sembrada por quienes gobiernan, en un mar de inseguridad personal y jurídica, el más deprimente de América Latina.
Solo un tonto engreído podría hoy defender como propio de la democracia lo que viene sucediendo en Venezuela, en donde el simple hecho de ser adversario y opositor al gobierno —como sucede con frecuencia en las democracias— es motivo de detención con violación de derechos ciudadanos y humanos. Muchos ejemplos hay, pero tan solo es necesario recordar los dos más sonados, Antonio Ledezma y Leopoldo López, para llamar la atención de aquellos que dicen apreciar la democracia.
Costa Rica debe ser un faro de democracia en América Latina desde donde emane la luz que guíe a todos los que deseen navegar por las verdaderas “aguas” de la democracia. Costa Rica no puede callar cuando se agreden valores democráticos determinantes para una justa sociedad —sin importar el tinte ideológico de quien gobierne— puesto que en nombre de la democracia, tanto la derecha como la izquierda, han promovido los horrores más despreciables y denigrantes.
La neutralidad y la “autodeterminación” de los pueblos en muchas ocasiones es el gran escudo de los cobardes para no pronunciarse con firmeza cuando la injusticia hace aparición en otras latitudes. Cuando los pusilánimes llegan al poder es el escenario cómodo para no hacer frente a las grandes empresas e ignorar las injusticias que se cometen en otras sociedades.
La posición de los alcaldes y algunos diputados costarricenses que levantaron su voz contra lo que sucede en Venezuela —que ya supera la irracionalidad— es digna de alabar. Aún falta una declaración fuerte y determinante de nuestro Poder Ejecutivo con la cual se demuestre un liderazgo costarricense, no tímido ni calculador, al momento de defender al mejor de todos los sistemas, con todo y los defectos propios de cualquier obra humana.
Las reacciones timoratas y el silencio cobarde son causantes de mucho más muertes que las promovidas por muchos ejércitos y armas. Como bien dijo Joseph Joubert, ensayista francés: “La prudencia es la fuerza de los débiles”.

Claudio Alpízar Otoya

Politólogo