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“Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias”. John Locke.

¿Necesitamos que nos digan que podemos ser felices para realmente serlo?

Es claro que a lo largo de nuestra vida, un sentimiento intrínseco en ella es la búsqueda de la estabilidad, la autorealización y la constante en ser felices, pero las obligaciones, las responsabilidades y la vida vertiginosa moderna en general nos hace olvidar ese propósito.

La comunicación colectiva desde sus aristas puede contribuir considerablemente a generar optimismo entre las personas y a instaurar valores más allá de la utilidad económica. Si una marca, por ejemplo, provoca una sonrisa en la vida de las personas, será más difícil de olvidar y la relación planteada tendrá mayor éxito a largo plazo.

La psicología humanista cimenta sus principios en la visión del ser humano como un todo, la autocomprensión y autorealización convirtiendo esto a su vez en un apoyo para teorías conductistas y psicoanalíticas.

De esta forma, teorías de la comunicación como la aguja hipodémica y la espiral del silencio explican cómo la influencia de emociones transmitidas a través de la dinámica comunicativa genera un cambio importante en los públicos influyendo de acuerdo al interés de cada campo.

Es en ese lapso, donde radica la conexión, “el engagement” entre las personas y el objetivo de comunicación. En la capacidad de recuperar el estado de sentirse positivo, dejando de lado los problemas de la vida cotidiana.

Los mensajes que permiten recuperar estados de emoción son los que militan en la psicología humanista, se implementan cumpliendo las teorías de comunicación antes mencionadas y se logran los objetivos dependiendo del campo desde el que se envíe el mensaje (publicidad, periodismo, relaciones públicas o producción audiovisual).

Si comunicamos de manera correcta “la felicidad” o la posibilidad de serlo, se siembra en las personas la motivación para realizar sus ideales, llevar su vida a fomentar esas pasiones con optimismo y una sonrisa en el rostro. La psicología humanista busca desarrollar en los seres humanos, el sentimiento de automotivación constante para la búsqueda de algo mejor.

El más claro ejemplo se evidencia en la ciencia publicitaria, pues se trata de influir en las personas para que consuman un producto a través de mensajes de realización y felicidad sumidos en la identidad humana cotidiana y la solvencia de las necesidades básicas.

La respuesta a la simbiosis de las teorías de comunicación y los principios de la psicología humanista, puede traducirse en reacciones positivas que devuelven a las personas la percepción y posibilidad de felicidad.

 


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