Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 7 Septiembre, 2012


Sexo, placer... religión

Uno de los puntos álgidos de la cultura del entretenimiento que predomina en el mundo hoy, es la “doble moral” que se tiende a imputar al costarricense.
La promoción global de nuevos estilos de vida ha enfatizado la mercantilización del sexo, y por ende del placer, como bienes que estriban en una mega industria.
Por su parte, la religión, no en el sentido universal, sino mercantil, tras la búsqueda de expansión gregaria, ha tendido a “relativizar” posturas, para hacerse más atractiva a lo que sus adeptos quieren escuchar. Esto implica que ahora se ajusta a la persona y no el individuo a sus preceptos. Una prueba irrefutable de ello es la afluencia de sectas y sus variedades de puntos de vista con respecto a los temas controversiales, incluido el sexo.
Pero entre excepciones, la firme postura ética por siglos de la Iglesia Católica en algunos asuntos, genera hoy mayor incomodidad entre los promotores de una supuesta “modernización” cultural y cambio que permitan a la industria del placer penetrar algunos mercados cerrados.

Este choque, que ni siquiera es interreligioso, más bien está relacionado con la modificación de valores tradicionales en sociedades como la costarricense. El Estado confesional, que hoy está siendo cuestionado por diversos flancos: guías sexuales, fertilización in vitro, aborto, eutanasia, entre una larga lista de temas, es uno de los ejemplos más visibles.
Esperar que la Iglesia Católica modifique su doctrina milenaria a favor de negocios en boga es ingenuo, por lo que no se ha visto mayor remedio que enfrentarla y de paso si es posible, destruir su herencia cultural.
Por esta razón, el debate público sobre muchos de estos puntos se ha ido por la tangente. La lucha contra los católicos, no tiene nada que ver con una discusión filosófica respecto al placer y el sexo, que dicho sea es aceptado por la mayoría.
Lo preocupante es que debido a las respuestas, en mi criterio, tenues de la Iglesia Católica, se está despertando una lamentable reacción sectaria, cargada de sarcasmos, irrespeto e incapacidad de diálogo, que en el fondo manifiesta horroroso odio y temeraria intolerancia religiosa, lo cual es un retroceso para la razón y la civilización.

Luis Alberto Muñoz