La economía de Costa Rica se encuentra en una etapa de transición y aunque no hay señales de crisis, el optimismo está dando paso a una "moderación ordenada".
Así lo advierte Rossy Durán, Gerente Corporativa de Finanzas del Banco de Costa Rica (BCR), quien señala que el país enfrenta un entorno más exigente donde la prudencia financiera será la clave para sobrevivir al 2026.
Y es que el crecimiento económico no está garantizado y existen factores fuera de nuestras fronteras que podrían frenar el impulso actual.
Una desaceleración en Estados Unidos o la Unión Europea, principales socios comerciales, junto con la volatilidad en los precios de los productos que exportamos, son los principales riesgos externos.
A nivel local, la mayor preocupación radica en el costo de la vida y del dinero.
"El principal foco está en la sensibilidad del crecimiento al costo del financiamiento, tanto para hogares como para empresas", dijo Durán.
Además, eventos climáticos o tensiones geopolíticas podrían disparar los precios de la energía y los alimentos, golpeando directamente el consumo de las familias.
Para el BCR, no hay una sola variable que vigilar, sino una combinación de ellas: la relación entre las tasas de interés y el tipo de cambio, por ejemplo.
Esta dupla determina qué tan difícil será para un costarricense pagar sus deudas.
"Hoy el foco es la interacción entre tasas de interés y tipo de cambio. Movimientos al unísono de estos dos macroprecios constituyen un riesgo para el sistema financiero costarricense", agregó la especialista.
En términos sencillos, si las tasas suben y el dólar tiene movimientos bruscos, los deudores, especialmente los que tienen créditos en moneda extranjera pero ganan en otra diferente, podrían verse en serios aprietos.
Hogares más precavidos
En cuanto al gasto, la experta destaca un comportamiento más cauteloso en el que las familias están pensando dos veces antes de pedir un préstamo para consumo, debido a que las tasas siguen siendo elevadas.
Esta actitud se refleja en las cifras: el crédito al sector privado crece apenas un 3,9% interanual, una cifra menor a la de años anteriores.
"Observamos una economía que sigue creciendo, pero con un comportamiento más prudente de hogares y empresas para con el endeudamiento", explicó la gerente.
Ganadores y perdedores de la racha actual
No todos los sectores viven la misma realidad; mientras que el régimen de Zonas Francas y las exportaciones (especialmente hacia Asia) sacan la cara por el país, otros sectores dependen más del consumo local.
Entre los sectores más resilientes, de acuerdo con la experta, destacan:
- Construcción: Con un crecimiento del 12%, impulsado por obra pública y proyectos privados.
- Turismo y Servicios: Mantienen un dinamismo sólido.
- Manufactura especializada: Sigue conquistando mercados externos.
No obstante, la vocera advierte que el crecimiento de las Zonas Francas tiene un límite en su impacto social, ya que generan pocos impuestos para el Estado y no demandan tanto crédito local como el régimen definitivo (comercio y servicios internos).
Consejos para las empresas
Frente a este panorama, las empresas deben aprovechar este momento para fortalecerse internamente más que para crecer aceleradamente, según Durán, quien recomienda a las organizaciones revisar las deudas (plazos y monedas), proteger el flujo de caja y prepararse para escenarios de estrés.
Quienes administren bien sus riesgos hoy, serán los ganadores cuando el ciclo económico vuelva a ser más favorable.