Represas eléctricas dan la mano al río más contaminado del mundo
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Pese a las críticas de algunos ambientalistas y vecinos con respecto al establecimiento de las plantas hidroeléctricas, lo cierto es que estos proyectos se convierten en una mano amiga para salvar al Tárcoles, uno de los ríos más contaminados del mundo.

Y es que aunque la construcción de represas se hizo con la finalidad de dotar de energía eléctrica a la población, se convierten en un filtro para que esos desechos sólidos se retiren y evite que lleguen hasta las costas.

La desembocadura del río Tárcoles recibe las aguas y la basura de los afluentes más contaminados de San José: Virilla, Torres, Tiribí, María Aguilar y la Rivera donde desembocan.

El río Torres cuenta 50 millones de coliformes fecales por cada 100 mililitros de agua, según confirmó el AyA, en sus análisis de laboratorio, convirtiéndose en un enorme problema para atraer inversión extranjera directa y cuidar la salud de la Gran Área Metropolitana.

A estos residuos hay que sumar plásticos, envases, madera, electrodomésticos e incluso chasis de vehículos que llegan hasta las represas Brasil, Belén, Electriona, Río Segundo y Los Anonos de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) y Ventanas Garita del ICE. Así como a otras privadas: Nuestro Amo, Chucás e Hidrotárcoles.

Es así como estas empresas, con el objetivo de limpiar sus embalses y tener buen funcionamiento realizan la extracción de desechos sólidos que contribuyen con el ambiente, pues de lo contrario se reduciría la capacidad de almacenamiento de agua y la producción de energía.

Pero esto no se hace gratis, al contrario, se invierten alrededor de ¢55 millones por año en la extracción y acopio de poco más de 850 toneladas de materiales que recogieron en las represas el ICE y la CNFL.

Como parte de su gestión ambiental, las empresas eléctricas atienden esos residuos en un sitio ambientalmente apropiado y autorizado para su disposición final y cuando es posible desarrollar un plan de manejo para dichos residuos. Al final, algunas los envían a un relleno sanitario.

“Contar con este sistema de extracción es muy beneficioso, ya que el área protegida que tiene la CNFL representa un banco de conservación genética que aporta diversidad y la purificación del aire. Además, reduce la contaminación de sustancias peligrosas que se pueden integrar en la cadena trófica marina y son consumidos en el siguiente nivel por especies de importancia comercial (pargos y róbalos)”, destacó Luis Pacheco, gerente de Electricidad del ICE.

Además, reduce la carga de nutrientes (nitrógeno, fósforo, potasio y nitratos de hidrógeno), lo que evita la proliferación y el surgimiento de microorganismos responsables de la marea roja.

El río Grande de Tárcoles se origina en las laderas al sur de la Cordillera Volcánica Central y fluye hacia el Golfo de Nicoya, con una longitud de 111 kilómetros; sin embargo, pese a la contaminación, es el hábitat de una de las poblaciones más grandes de cocodrilos americanos.

Se estima que en promedio hay 25 reptiles por kilómetro cuadrado, además, es el hogar de halcones, águilas, martín pescador, garzas azules y verdes, cigüeñas, espátulas, lapas rojas y verdes, cangrejos y monos.

Pese a esta gran riqueza natural, la contaminación de esta cuenca sonroja la imagen de país verde que trata de tener Costa Rica para promocionarse y atraer turismo e IED.

Otro factor que incide en el deterioro ambiental de esta extensa cuenca es el hecho de que las autoridades no hacen respetar las leyes que castigan el vertido de materiales y desechos contaminantes en los cauces.

Una posible solución, sobre todo para limpiar las coliformes fecales de las aguas es la planta de tratamiento del AyA en la Gran Área Metropolitana (GAM).

Esta planta se instalaría en 11 cantones josefinos y es uno de los remedios que apoya Johnny Araya, alcalde de San José, quien espera que este proyecto termine a la mayor brevedad.

 

 



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