Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 15 Febrero, 2013

Al renunciar (Joseph Ratzinger), quiere mostrar al mundo que un papa sigue siendo un hombre y no un ser sobrenatural. Eso lo honra


Renuncia del Papa


La noticia que ha conmovido a la opinión pública mundial en estos días ha sido la inesperada e “histórica” renuncia del Papa. Y no es para menos. Desde 1415 un papa no renunciaba si bien ha habido cinco casos.
El actual Derecho Canónico, prevé la renuncia siempre y cuando sea libre. En este caso esos requisitos canónicos se cumplieron. Ratzinger, como buen alemán, fue rigurosamente formal. Habló en latín y ante el Consistorio (reunión de cardenales). Ratzinger se niega a seguir siendo Benedicto XVI. Ahora solo desea ser sí mismo: morir como un anciano teólogo en un claustro.
Esta personalidad del papa bávaro es particularmente interesante, pues en sus escritos se niega a firmar como Benedicto XVI y solo lo hace como Joseph Ratzinger, demostrando con ello que no quería usar su autoridad para imponer sus ideas sino que estas fuesen debatidas por lo que tengan de valor en sí mismas.
Ahora, al renunciar, quiere mostrar al mundo que un papa sigue siendo un hombre y no un ser sobrenatural. Eso lo honra. Más aún, nunca quiso ser papa y solo aceptó serlo porque un alemán considera que el sentido del deber no tiene que ver con la razón ni con el corazón sino con la voluntad.
Ratzinger fue papa por obediencia a la Iglesia y no por aspiraciones personales. El contraste con los italianos es evidente.
Pero también es evidente su divergencia con su antecesor. Woytila siempre tuvo una conciencia mesiánica. De ahí su afán de protagonismo mediático aunado a su indiscutible carisma. Ratzinger, por el contrario, dio prioridad a la reflexión sobre la publicidad.
Pero el análisis psicológico de las personalidades no es suficiente para explicar esta dramática decisión. Hay razones objetivas y que tienen que ver con el debilitamiento de su condición física que se requiere para asumir las responsabilidades de un líder mundial.
Para ello se han aducido los escándalos de pedofilia en el clero. Pero creo que ha sido más transparente y firme que su antecesor, aunque no haya dejado satisfechos a no pocas de las víctimas.
Otra razón que se aduce ha sido el escándalo del Banco Vaticano y las intrigas de algunos de sus allegados, incluidos cardenales. No hay duda de que, sobre todo para un alemán, debe haber sido especialmente doloroso sufrir en carne propia aquello que Napoleón calificó como “la capacidad infinita de intriga de los italianos”.
Sin embargo, creo que hay otra circunstancia que tiene que ver con la actual coyuntura política de Italia. Los analistas consideran probable el triunfo de la izquierda en las próximas elecciones. La izquierda siempre ha sido laica y anticlerical, por lo que se presume que serán implacables frente a las acusaciones de presunto lavado que se han hecho al Banco del Vaticano.
El escándalo del Banco Ambrosiano en tiempos en que los socialistas Sandro Pertini (Presidente) y Betino Craxi (Primer Ministro) tenían el poder, amargaron hasta la muerte los pocos días que Juan Pablo I estuvo en el solio pontificio.
¿Cuántos altos prelados están ahora implicados? Si es cierta esta versión, la renuncia de Ratzinger debe ser vista como el doloroso reconocimiento de un fracaso personal para poner coto a la corrupción dentro de los muros del Vaticano.


Arnoldo Mora