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Renovarse o colapsar

Según el famoso historiador Arnold Toynbee, las civilizaciones son el resultado de la respuesta de un grupo humano a los desafíos que afronta. El crecimiento de la civilización se da no solamente cuando su respuesta al desafío es exitosa, sino cuando la dinámica del desafío permanece como motor del crecimiento.
Una organización decae cuando es incapaz de enfrentarse a los desafíos que se le presentan. En el ámbito empresarial diríamos competidores, sustitutos, nuevas tecnologías. Y se sitúa también en dirección a la decadencia cuando sus éxitos históricos la introducen en una situación de comodidad que la hace bajar la guardia, la debilita y apoltrona. La llamamos “zona de confort”. Son muchos los casos de empresas que se han desplazado hacia su zona de comodidad, pensando que nadie las podía alcanzar: Sony, Kodak, Nokia, Blockbuster, por citar algunos ejemplos.
Las empresas no evolucionan naturalmente hacia mejor. Son una comunidad de servicio creada como respuesta a un problema. Sin una necesidad que solventar, no existe una reacción. Su desarrollo no es automático. Existen muchas organizaciones que se han estancado en un fase temprana de crecimiento y nunca han salido de allí.
Algunas veces la situación de estancamiento es fruto de la misma dinámica que en determinado momento generó el crecimiento. Los que han solucionado los grandes temas de la época anterior, son ahora el lastre que impide el crecimiento o la innovación.
Los nuevos retos exigen respuestas diferentes, formas creativas de responder, difíciles, cuando no imposibles, para los promotores del crecimiento anterior. Las organizaciones requieren de una “minoría creadora” que inicia un movimiento de desviación sobre el curso habitual para lograr ofrecer una nueva respuesta. La forma acostumbrada de hacer las cosas, innovadora en su momento, es hoy incapaz de ofrecer respuesta a nuevos retos.
La empresa empezó quizá con un innovador, creativo y audaz, pero no siempre dotado para la institucionalización. El innovador logró construir un equipo que lo ayudó a crecer y le permitió crear “cultura”, crecer la organización y pasar a un segundo estado de desarrollo. Esta culturización conlleva la conformación de estándares, procesos, valores e ideales, que elevaron el servicio al nivel de misión. Con el tiempo esa misma institucionalización se vuelve contra el sistema, pues impide las formas creativas que permiten la renovación que exigen los nuevos retos.
Solamente sobreviven aquellas organizaciones en que se crea una dinámica de constante renovación, en que una minoría creativa renueva la organización ante los nuevos retos. Ni lo más gloriosos —GE, Microsoft, Apple— escapan al proceso. La única vía posible es renovarse o colapsar lentamente aferrado a las veneradas instituciones.

German Céspedes Herrera

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