Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Jueves 7 Junio, 2018

Reflexiones sobre la violencia parental

La disolución de un vínculo conyugal siempre acarrea un conflicto. Tras la disolución de la vida en común, surgen modificaciones en las condiciones de vida personal, familiar y en toda la dinámica interpersonal de los dos exmiembros de la pareja.

En las vivencias postseparación, cuando la pareja ha procreado aparece, en ocasiones, un fenómeno en el cual los hijos son incluidos en una dinámica abusiva y mal intencionada. Uno de los ascendientes junto con sus familiares o amistades propician la separación, pretendiendo, sin que exista un motivo razonable, el desarraigo entre la prole y el padre o la madre, o sea, aquel progenitor que ha salido del hogar familiar, tras la disolución del vínculo.

La crianza de los hijos es una responsabilidad compartida por ambos padres, y aunque estos se separen, para los menores siguen siendo figuras significativas, necesarias para su sano desarrollo psicosocial. Sin embargo, para los profesionales que laboran en este campo es cada vez más frecuente observar cómo los hijos son víctimas de este tipo de violencia, que en muchas oportunidades se invisibiliza y, hasta se promueve socialmente desde la tradición y las costumbres del sistema patriarcal, considerándose como una prolongación de la problemática de la pareja que prevalece después de la separación o del divorcio.

Esta forma de abuso o de agresión es conocida como violencia parental, desparentalización, padrectomía o madrectomía. Es cada vez más evidente y adquiere actualmente proporciones preocupantes, muy notorias en la legislación internacional, que a la luz de la construcción de una nueva masculinidad, una nueva femineidad y la lucha por la verdadera igualdad de géneros, promulga más leyes cada día, en pro de garantizar la protección de la vida familiar y los derechos de todas las personas que la integran.

El fenómeno de desparentalización se asocia con un fuerte deseo de venganza en contra de la expareja. Cuando cualquiera de los progenitores, que en el ejercicio de sus deberes parentales, viola lo que debe ser una sana relación hacia sus hijos, utilizándolos como medio de agresión hacia la expareja, se constituye de esta manera, el fenómeno descrito en una forma de abuso infantil, cruel e invisibilizado.

En Costa Rica, instituciones como el Patronato Nacional de la Infancia, el Ministerio de Salud, el Hospital Nacional de Niños, el Hospital Nacional Psiquiátrico y el Poder Judicial, reconocen actualmente la violencia parental como un fenómeno adverso a la salud pública, en el cual los hijos e hijas, menores de edad, de parejas disueltas se ven envueltos en una lucha irracional, innecesaria y absurda. Les sitúa en un verdadero duelo de lealtades, les victimiza y abusa, aniquilando su derecho esencial a gozar de una familia, de una identidad y de un desarrollo sano, en armonía.

Se encuentra en la corriente legislativa un proyecto de ley que a mi criterio debe ser aprobado con prontitud y que busca sancionar a la expareja que utilizare este tipo de violencia, causando serios daños emocionales, a veces irreversibles, en perjuicio del menor. Recordemos que quienes se divorcian son los padres, no los hijos.