Nuria Marín

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Lunes 1 Noviembre, 2010


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Referendo a la labor de Obama

Hace dos años el mundo entero se rendía a los pies de Barack Obama, un nuevo y carismático líder, símbolo de cambio, de ruptura de paradigmas, de un nuevo enfoque de inclusión y respeto a la diversidad, inspiradores de un fuerte sentimiento de esperanza.
Dos años después, el ejercicio del poder está por pasarle al presidente Obama y al partido demócrata una cara factura con motivo de las elecciones de medio periodo en el que se elegirá a la totalidad de los miembros de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 39 gobernadores.
La pregunta del día será sin lugar a dudas, ¿cuán grave será la herida infligida? Según el Real Clear Politics, indicador respetado por amalgamar los resultados de una amplia variedad de fuentes encuestadoras, es muy probable que los republicanos logren obtener el control de la Cámara de Representantes, “robar” varios puestos en el Senado (sin llegar a la mayoría) y obtener un número muy importante de gobernadores en el país.
Esta elección, que opera como un referendo a la labor del Presidente, refleja los altos niveles de insatisfacción de una mayoría de electores cuyas altísimas expectativas han sido defraudadas. Los niveles de popularidad de Obama se desplomaron por debajo del 50%, mal presagio para los resultados de mañana.
Mientras a nivel internacional, Obama aún mantiene un importante nivel de prestigio y credibilidad gracias a un giro de 180 grados en el enfoque de la política exterior, legitimado por el Premio Nobel de la Paz 2009, una historia muy diferente se escribe en casa.
La mayor reforma al sistema de salud de los últimos 75 años, una agresiva reforma al sistema financiero y un manejo adecuado del derrame del Golfo de México han sido insuficientes logros del Presidente quien con sus acciones y sobre todo omisiones ha erosionado su natural base electoral y electores independientes.
Los sindicatos y ambientalistas reclaman haber desaprovechado el impulsar una agenda más progresista, los latinos resienten el no contar con la tan ansiada reforma migratoria y los grupos lésbicos y gais rechazan la permanencia de la política del “don't ask, don't tell.”
La economía es sin embargo, el gran talón de Aquiles. El paquete de rescate de $787 mil millones ha sido insuficiente en reactivar decididamente la economía y mucho menos en recuperar los millones de puestos de trabajo perdidos por la crisis.
El desempleo llegó a un histórico 10,2% para disminuir tímidamente a un 9,6% en el que los jóvenes, fundamentales en el triunfo de Obama, han llevado la peor parte (19%). La pobreza toca las vidas de 44 millones y en una mayoría de hogares la zozobra, la incertidumbre y el temor son el pan de cada día.
Optimista como soy, espero que el traspié político que tendrá Obama, como lo tuvo Bill Clinton en 1994, sea una clara lección y antesala a un decidido cambio y acciones innovadoras que se puedan traducir en oportunidades, riqueza y prosperidad del más importante de nuestros mercados además de un importante motor de la economía mundial.

Nuria Marín