Recuperación de España hace repensar separación a los catalanes
Carles Puigdemont, presidente regional de la Generalidad de Cataluña, está tratando de aumentar su influencia en tanto los funcionarios en Madrid prometen bloquear sus planes de realizar un referéndum en octubre. Bloomberg/La República
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Joan Boix asiste a las manifestaciones separatistas en Cataluña por lo menos desde hace cinco años y contribuye a la campaña para separarse de España.

Pero mientras el Gobierno regional en Barcelona prepara a sus simpatizantes para un esfuerzo final con la esperanza de conseguir la independencia, el ejecutivo de 62 años titubea. La línea dura habla de abrir una agencia tributaria catalana separada o hacer una huelga general para imponer el proyecto. Pero Boix tiene una empresa de qué preocuparse.

“La mayoría de los empresarios que conozco tienen que hacer pagos de deudas por lo que difícilmente apoyen una huelga indefinida”, dijo.
El presidente regional, Carles Puigdemont, está tratando de aumentar su influencia en tanto los funcionarios en Madrid prometen bloquear sus planes de realizar un referéndum en octubre. Pero los posibles costos de un choque con el Estado español son cada vez más claros para Puigdemont y sus simpatizantes.

El mes pasado, dos altos asesores de Puigdemont fueron interrogados por la Guardia Civil española y el primer ministro, Mariano Rajoy, advirtió a los funcionarios catalanes que podrían enfrentar acusaciones penales si utilizan fondos públicos para facilitar la votación. Hasta la policía catalana, que Puigdemont quiere emplear para supervisar la votación, podría tener que pensarlo bien: la mayoría de sus salarios los paga Madrid. A fin de cuentas, esas preocupaciones monetarias podrían inclinar la balanza en contra de una medida dramática para muchos catalanes.

Rajoy pidió hoy a los catalanes que muestren "sentido común" y "aíslen a los extremistas y radicales que hoy influyen en el gobierno regional".

Al final, las preocupaciones por el dinero pueden inclinar la balanza contra la acción dramática de muchos catalanes.

Pese a las tradiciones e idiomas distintos, la idea de separarse de España no tenía muchos adherentes hasta que la crisis económica —y la corrupción que esta destapó— afectaron las finanzas catalanas y socavó la confianza de la región en el Estado español.

El apoyo a la independencia alcanzó un máximo de 49% en 2013, mientras la economía española se contraía por tercer año consecutivo y el desempleo alcanzaba un récord de 26%.

Pero ahora España se está recuperando. El desempleo cayó a 17% y la economía crece. Tras diez años de turbulencia, a los moderados catalanes los pone inquietos la idea de comprometer la recuperación. Solo el 35% afirma que Cataluña debería ser independiente, según la agencia de encuestas del Gobierno catalán. Es la cifra más baja en cinco años.


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