Iris Zamora

Iris Zamora

Enviar
Lunes 20 Enero, 2014

Hoy la población está más informada, es más crítica, y quizá, más irreverente, por eso la transparencia dejó de ser una concesión, para ser una exigencia ética


¿Quién fiscaliza las encuestas?

Ciertamente están presentes como protagonistas del proceso electoral. Ahora tienen rango superior; los bancos estatales o privados dependen de ellas para prestar recursos a los partidos políticos.
El financiamiento estatal a las campañas electorales es un triunfo de nuestra democracia. Un recurso ante la Sala Constitucional paralizó la fórmula de los “bonos” lo que llevó a una austeridad obligada a los partidos políticos. Entre las consecuencias de la falta de dinero para atiborrar los medios de comunicación con propaganda electoral, se fortalecieron los debates; como mecanismo de confrontación de ideas, propuestas y candidatos.
Los ganadores: la población que ha debido racionalizar, un poco al menos, la decisión del voto. Los perdedores: los grandes medios de comunicación que hacen su “agosto” en campaña electoral.
Estas protagonistas poderosas que son las encuestas como en ninguna otra campaña han mostrado la diversidad de resultados que enoja o alegra a algunos, pero que confunde principalmente a los y las electoras. ¿Por qué tan marcada diferencia, si el tiempo en que se aplica el cuestionario es casi el mismo?...
Si deben inscribirse en el TSE, las empresas que hacen estos estudios de opinión, para poder publicar los resultados entonces, ¿están entregando la encuesta completa al TSE, no solo con la ficha técnica, sino con el instrumento que aplicaron, los ejercicios que implican su validación, los datos de dónde y a quiénes se le aplicó? ¿Tiene acceso a ellas, un ciudadano común, o profesionales de las ciencias sociales? Si la respuesta es sí, ¿por qué el TSE no lo ha hecho público, para que los que quieran consultarlas las revisen? Si la respuesta es no, ¿por qué no?
El nivel de influencia de las encuestas es tan poderoso, que no solo influyen en el financiamiento de los partidos políticos, sino en la intención de voto de un sector respetable de la población. ¿Quién las fiscaliza?
Sería interesante un estudio de las ultimas cinco campañas electorales, al menos, del histórico de esas casas encuestadoras para conocer el nivel de acierto, con el resultado de las elecciones. No son bolitas de cristal, lo sabemos, pero juegan el papel de “irremediable destino”.
La democracia costarricense enfrenta retos como ocurre en casi todas las naciones del mundo, fundamentalmente porque los paradigmas en que crecimos se agotaron. En esa permanente construcción, lo que hace algunos años era práctica común, hoy se ve con desdén. Uno de esos desafíos tiene que ver con la participación ciudadana en la toma de decisiones.
El modelo de la representatividad quedó pequeño. Las personas exigen ser incluidas. El camino hacia lo que el Dr. Manuel Rojas llama con acierto, la Democracia Ampliada, es inevitable, no importa cuánto intentemos mantener las prácticas del pasado. Hoy la población está más informada, es más crítica, y quizá, más irreverente, por eso la transparencia dejó de ser una concesión, para ser una exigencia ética. Las empresas encuestadoras, también están llamadas a dar explicaciones, ¡Se convirtieron en protagonistas! Eso, tiene un precio: ¡la transparencia!

Iris Zamora