Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 9 Agosto, 2017

¿Qué es el populismo?

Prometer en campaña, quizás con dedos cruzados, una serie de programas y obras que no son posibles de realizar es un síntoma del populismo. Tocar los anhelos y deseos secretos de un pueblo necesitado usando una retórica mesiánica es otro. Ahora que se acercan el 4 de febrero y la elección presidencial hay que escuchar con cuidado y si alguna oferta parece ser demasiadamente buena, es probable que sea inalcanzable.

El populismo es dañino porque tiene la posibilidad de minar la fe en la institucionalidad democrática y en los procesos que la mantienen, y en los peores casos puede destruir la economía de una nación. El caso latinoamericano más famoso es el de Argentina, país que fue catalogado hace 100 años a la par de Canadá y Estados Unidos como desarrollado económicamente, y a merced de varias décadas del peronismo convertido en una reliquia; es ahora un país en “vías del subdesarrollo.”

Hay varios líderes históricos latinoamericanos que han llevado su nación para atrás por un periodo a merced del populismo incluyendo Lázaro Cárdenas en México, Arnulfo Arias en Panamá y Getulio Vargas en Brasil. El caso de Venezuela con Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro es especialmente desconcertante, porque es difícil entender cómo pudo un pueblo con tanta riqueza haber sido destruido en tan poquito tiempo.

En Costa Rica el actual gobierno resultó ser populista; prometió “cambio” y el entonces candidato Luis Guillermo Solís llevó al pueblo a un nivel de euforia casi nunca visto cuando ganó. ¡Le creyeron! Queda por verse si el candidato presidencial del partido de Solís, el PAC, Carlos Alvarado, puede recrear esa ola casi histérica que se vio en abril de 2014. Es carismático, pero después de todo hay un dicho tico “perro muerde indio una vez culpa de perro, perro muerde indio segunda vez culpa de indio”.

Ya se oyen las promesas de campaña de la docena, más o menos, de candidatos presidenciales. Uno promete crear miles de empleos nuevos, otro de construir un tren eléctrico y un tranvía, y un tercero ofrece suprimir la ola delincuencial que azota al país. Como todo esto ya lo han oído los ticos en varias campañas, hay un cierto cinismo que aparece al escuchar todas las ofertas.

No obstante tanta desilusión con pasadas elecciones que en algunos casos pusieron personas incapaces en puestos de poder, siguen creyendo los nacionales en la democracia y la necesidad de votar. Al fin de cuentas muchos decidirán a favor de un candidato porque “parece sincero,” o “está preocupado por el pueblo”. En una sesión de grupos una señora dijo “¡es que es tan guapo!”, al referirse a uno de los candidatos.

Todo augura que el comienzo de un gobierno nuevo el año entrante será especialmente difícil. Es seguro que al final de cuentas los habitantes votarán por un hombre (no hay mujeres candidatas) fuerte, honesto y a quien no le da miedo imponer medidas impopulares pero necesarias para sacar al país adelante.

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