Putin debe decidir pronto entre represión o reforma
Eso coloca a Putin en una situación difícil. No puede rechazar las declaraciones de Kadyrov públicamente porque es probable que esté por reducir su financiamiento, y si hay algo que no necesita es, precisamente, inestabilidad en el Cáucaso. Al mismo tiempo, tampoco necesita el tipo de retribución de Kadyrov, al menos no todavía. Bloomberg/La República
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 En momentos en que los precios del petróleo están por debajo de los $30 por barril, en que el rublo ha declinado un 10% en lo que va del mes y no hay un plan coherente del gobierno para abordar la creciente crisis económica de Rusia, el presidente Vladimir Putin se encuentra ante una opción similar a la del último gobernante soviético, Mijaíl Gorbachov.
¿Debe flexibilizar los controles de la economía, reducir las presiones externas y lanzar un acercamiento a Occidente, o tomar el camino de la represión interna?
La primera opción, la que Gorbachov terminó por elegir luego de intentar sin éxito sofocar las revueltas en repúblicas soviéticas que exigían la independencia, a Putin, que ha perdido muchas oportunidades de liberalizar su régimen, le resulta indigerible.
Eso es algo que tienen muy presente quienes proponen la segunda opción, la represiva, y los más impacientes ahora se hacen escuchar más que nunca.
Entre ellos se destaca Ramzan Kadyrov, que está al frente de la ex república separatista de Chechenia, que se pasó al bando de Moscú al comienzo del gobierno de Putin y que con ayuda económica del Kremlin convirtió la región en un feudo personal férreamente controlado.
Kadyrov ha hecho en los últimos tiempos una serie de declaraciones en las que califica a la “oposición no sistémica” –los enemigos de Putin que no forman parte de su parlamento obediente- de “enemigos del pueblo”, un término que tiene marcadas connotaciones en Rusia desde las represalias de Stalin.
Kadyrov llegó a escribir una columna en el diario Izvestia, partidario del Kremlin, en la que fustiga a los escasos medios independientes u opositores a Putin, los cuales, en su opinión, transmiten los mensajes de odio por Rusia de los “chacales” de la oposición. Kadyrov escribió:
“Quienes piden dialogar con los chacales, que sueñan con la destrucción de nuestro estado, nunca perderán el olor a perro. Yo soy un soldado raso del presidente ruso Vladimir Putin y nunca dialogaré con asesinos ni con traidores a mi país”.
Agregó que tenía mucho lugar para los dirigentes opositores en un hospital psiquiátrico de Chechenia:
La reacción del Kremlin a esa ofensiva verbal de su aliado checheno no puede sino calificarse de adormilada.
“Si se lee con atención, se refiere específicamente a la oposición no sistémica”, dijo el miércoles Dmitry Peskov, el vocero de Putin.
“Se trata de quienes están al margen del ámbito político del país, de aquellos cuya actividad política no se inscribe en el marco legal y de quienes están dispuestos a violar la ley para perjudicar al país”.
A Putin, dijo Peskov, le complace trabajar con los políticos opositores legítimos. En otras palabras, la retórica de Kadyrov no tenía nada de malo.


 

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