Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 20 Julio, 2015

¿Sobrevivirán los demócratas a ese juego de la polarización? ¿Regresará la sensatez? ¿Alguien gana en la perversión de ese juego?
 

Poderes fácticos

Había un país, en medio de una exuberante vegetación alimentada por dos océanos. Casi un 5% de la biodiversidad del planeta Tierra se encuentra en ese paraíso de la naturaleza.
Han realizado obras maravillosas como conservar el 26% de su territorio en alguna categoría de manejo. Otras no tanto, como contaminar ríos con desechos sólidos y químicos. Cada vez más, en el espíritu de esa población, los valores de la conservación, la protección de la biodiversidad están presentes.


¡Ese país es maravilloso! Empezando a ser República, libró su verdadera independencia, expulsó de suelo regional al invasor esclavista que ya había tomado territorio al Norte. Es un país que respeta los derechos humanos, aun cuando algunos utilizando un crucifijo manoseado, pretenden imponer a la mayoría sus posturas.
Ese país, enclavado entre las bondades del Universo, decidió no tener ejército. Se ahorra el presupuesto destinado a armas. Lo usa para atender la educación pública que le permitió llegar a niveles tan altos que hoy es un destino de la inversión extranjera en alta tecnología.
Es un país que atiende a toda la población en el campo de salud, con dificultades de gestión, pero les ha permitido tener el más bajo índice de mortalidad al nacer y la expectativa de vida más alta, casi de su continente.
Este país maravilloso tiene cubierta al 99% de la población con servicio eléctrico de altísima calidad, produce solo el 8% de su energía con hidrocarburos. Motivo de reconocimiento mundial.
Me dirán que es un país de contradicciones, sí lo es, pero ha sabido encontrar el punto justo para dirimir sus diferencias.
Tiene serios problemas de infraestructura vial, portuaria, aeroportuaria, escolar, hospitalaria. No terminan de ponerse de acuerdo en cómo solucionarlo; porque su tramitología y controles son tan absurdos, que sus instituciones terminan frenando el desarrollo.
La clase política solía ser de lujo, visionaria, talentosa, comprometida con el principio del bien común. La empresa privada y pública coexistían con éxito, con respeto e independencia.
Lamentablemente una generación de políticos torpes, ambiciosos, de empresarios concentradores de riqueza, lo llevan a un punto de inflexión.
La democracia representada en las urnas como valor casi genético de los pobladores de ese maravilloso país, pretende ser sustituida por minorías, que hacen mayorías ambiciosas, de espalda a la voluntad popular.
Grupos económicos que no reflejan la herencia de sus padres y sus abuelos, han permeado a un sector de la decadente clase política, que quiere ver de rodillas a los gobiernos legítimos.
En ese juego peligroso, obligan a la ciudadanía a tomar partido, a ubicarse en algún extremo de esa realidad que construyen desde sus órganos de propaganda. La propaganda del caos, de la confrontación, de la división, de las verdades a medias…
¿Sobrevivirán los demócratas a ese juego de la polarización? ¿Regresará la sensatez? ¿Alguien gana en la perversión de ese juego?

Iris Zamora