Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 9 Agosto, 2013

Lo que más me llama la atención es la persistencia en la actualidad de querer ver lo bueno como malo y lo malo como bueno


Entre cielo y tierra

Perdón...

La Virgencita de los Ángeles este año ha vuelto a dar de qué hablar.
Por un lado, los líderes políticos en una muestra íntegra de escrúpulos, solicitan al poder divino perdón por los yerros y corrección de rumbo en su función ante el pueblo.
Por otro lado, algunos heridos por este acto y queriendo agarrar el rábano por las hojas, se han manifestado lastimados por las muestras de arrepentimiento público de los gobernantes.
De todo esto, lo que más me llama la atención es la persistencia en la actualidad de querer ver lo bueno como malo y lo malo como bueno.
¿Qué daño produce un acto de contrición en el contexto de una ceremonia que en toda su esencia es religiosa y ante personas de esa creencia?
El asunto es que hay quienes consideran que lo bueno es separar de la Constitución cualquier elemento relacionado con lo católico, como si ese aspecto fuera el responsable del deterioro actual de la convivencia social en el país.
Más bien, creería que nuestros problemas son el resultado de una desmoralización, que produce miseria, violencia y mediocridad.
Es evidente que el frío no está en las cobijas.
Por razones históricas y obvias, la Carta Magna costarricense está impregnada hasta la coronilla de ideales espirituales, como parte de nuestra herencia cultural y del sistema de valores de la sociedad.
Sin darnos cuenta, una buena cuota de nuestras costumbres proviene de una prolongada influencia de preceptos religiosos, y con los cuales existe una íntima relación con los principios que abraza nuestra Constitución.
Por esta razón, mutilar este espíritu de nuestra Ley Fundamental, aunque sea de una manera desnaturalizada, resulta inverosímil en términos prácticos. Esa relación con lo místico siempre va a ser inherente.
Muy bien lo explica el Dr. Fernando Zamora Castellanos, en su último libro aludiendo el pensamiento de uno de los más prolíficos doctrinarios modernos en esta materia, Karl Loewenstein, “el origen del constitucionalismo universal, lo está en las antiquísimas concepciones veterotestamentarias que practicó el pueblo hebreo, quienes, inspirados en sus novedosas convicciones acerca de la dignidad humana, fueron los primeros en llevar a la práctica la idea de la igualdad y la libertad entre los hombres”.
Por ahora, le tocará a la Sala IV resolver si el recurso presentado por la intercesión espiritual solicitada por los líderes políticos el día de la Negrita tiene pies y cabeza, o pasará como aquel que solicitaba que aclarara si Dios existe.


Luis Muñoz Madriz

@luisalberto_cr