Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 1 Octubre, 2012


Pentadrama

Escribir es un ocio muy trabajoso. Sabia sentencia de Goethe que encierra una verdad absoluta. El oficio de escritor es tan individual y solitario que exige gran autodisciplina si se quiere llegar a alguna meta.
Escribir con otro es mucho menos trabajoso y más divertido. Al no estar solo se comparte la creación y la disciplina. La búsqueda, la confrontación y el consenso están presentes siempre. Olvidarse de la individualidad, aceptar opiniones, disentir y llegar a acuerdos es fundamental para el trabajo en equipo. Y tiene sus recompensas.
Walter Fernández y yo lo intentamos una vez. Partiendo de una idea suya surgió “La segunda oportunidad” que obtuvo el Premio de Dramaturgia Inédita para Teatro de Cámara del Teatro Nacional en 2010.
En el proceso aprendimos a aceptar nuestras fortalezas y debilidades y llegamos a la conclusión de que él es el ingeniero (estructurado y racional) y yo la arquitecta (lúdica y emocional).
Nos atrevimos a intentarlo de nuevo. A partir de una idea que propuse, empezamos a discutir sobre la trama. Yo tenía claros los conflictos sicológicos de los personajes. Walter propuso incluir el contexto histórico y elaboró la estructura dramática. Fanática de los juegos matemáticos, decoré la estructura con una lúdica manifestación del número cinco.
Convencidos que el teatro tiene que, además de entretener, ser un fresco de la realidad sin dictar sentencias ni ofrecer mensajes o moralejas, fuimos creando una ficción inmersa en la realidad de nuestro país: “Pentadrama”.
En mayo de 2010, a pocos días del inicio del juicio Caja-Fischel, Inés despierta luego de cinco años en coma debido a un accidente automovilístico. La abogada parece estar involucrada en la pérdida de un protocolo fundamental para la justicia. Las circunstancias de su vida y la realidad del país han cambiado y ella deberá enfrentarlas.
De esto y mucho más habla “Pentadrama”, obra que se estrenó el pasado jueves en el Teatro Vargas Calvo bajo la dirección de María Bonilla.
Escribo estas líneas nerviosa e ilusionada: no he asistido aún a la presentación de la puesta en escena. Quiero disfrutar el gozo de la sorpresa.
La mayoría de los dramaturgos han vivido la experiencia de llegar a un estreno sin haber visto ni un ensayo. Yo no: a excepción de un joven que hace poco montó “La noche fuerte del sexo débil”, en Costa Rica yo siempre he dirigido mis textos. Es la primera vez que un director profesional me “pide” una obra.
Me alegra que sea María Bonilla, creadora incansable y a quien me une un cariño de juventud, la que haya decidido poner en escena “Pentadrama”. Entregarle a una hija tan deseada y delicadamente concebida ha sido un acto de fe. Será un placer ver lo que escribimos bajo la visión tridimensional de María.
A los trabajadores del teatro nos cuesta mucho tener repercusión en los medios para promover lo que con tanto esfuerzo hacemos. Por eso me atrevo a dedicar mi columna de hoy a una creación de María, los actores, los diseñadores, los técnicos y los autores, Walter y yo.

Claudia Barrionuevo
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