Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 12 Diciembre, 2016

Las medidas que llegue a tomar la administración Trump en contra del comercio internacional también nos pueden afectar, aunque sea en forma indirecta

Peligros para Costa Rica de una política antiglobalización

(Segunda parte)

Hace un par de semanas comenté los efectos macroeconómicos desfavorables que provocaría en nuestro país la caída de la Inversión Directa Extranjera (IDE), que se reduciría por las medidas del presidente electo Donald Trump para generar mayor empleo en su país, y menos producción de las empresas de EE.UU. en el exterior.
A los efectos de una reducción de la IDE en nuestra balanza de pagos, y por consiguiente en el tipo de cambio, el nivel de precios, los gastos de gobierno y las tasas de interés se deben añadir sus efectos directos en el mundo de la producción.
Sabemos que tanto en la producción de manufacturas como en la de servicios, los salarios pagados en las zonas francas son mayores para el mismo tipo de trabajo a los que prevalecen en el resto de la economía. Sabemos también que en ese sector la productividad aumenta con mayor velocidad. Una disminución en la IDE significaría que el futuro crecimiento de la producción nacional sería sustentado en una menor proporción en el incremento de las zonas francas, y en consecuencia se daría con un promedio menor de salarios reales. Esto nos empobrecería con respecto a la trayectoria actual si las rentas perdidas en esos salarios son mayores a las rentas perdidas por los empresarios que dejan de contratarlos. Pero además, nuestro ahorro es muy bajo, y no contar con el componente externo que lo ha venido complementando para alcanzar la inversión de los últimos años, vendría a disminuir nuestro crecimiento y el bienestar potencial.
Este impacto negativo afectaría en especial a los trabajadores con relativamente mejor preparación, que han venido gozando de ventajas por la demanda laboral generada por la IDE. Es muy conveniente estimular la absorción de esa fuerza laboral más capacitada en el resto de la economía, para que con su capital humano ayude al aumento de la productividad.
Adicionalmente, las medidas que llegue a tomar la administración Trump en contra del comercio internacional también nos pueden afectar, aunque sea en forma indirecta.
Estamos viviendo desde la Gran Recesión, años de más lento crecimiento del comercio internacional. Incluso este año es probable que el comercio internacional crezca menos que la producción mundial, lo cual en los últimos 20 años solo ocurrió durante las crisis de 2001 y 2009. Ahora sería menor por primera vez en ese periodo con un PIB mundial en crecimiento.
Algunos estudiosos consideran que hemos llegado al fin de la ola de globalización que se aceleró en los años 80, de manera similar a como con la Primera Guerra Mundial terminó otra ola de globalización que en las cuatro décadas anteriores promovió movimientos migratorios, de comercio y de recursos financieros nunca antes alcanzados.
En estas circunstancias no avanzar con el TPP (Asociación Transpacífica entre 12 países de América, Asia y Oceanía incluyendo a EE.UU. como ya lo ha declarado la administración entrante, y dejar de lado la Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión, TTIP, entre la Unión Europea y EE.UU., como ya lo han declarado el presidente electo Trump y varios países europeos, significa dejar de insuflar energía al comercio internacional, lo que podría ser más negativo para nosotros que el efecto de desvió de comercio que podría ocasionar el no participar en esos bloques.
Pero además, las intenciones anunciadas del presidente Trump —de las cuales no se conocen las medidas concretas— de reducir las importaciones de México y de China significarían un enorme debilitamiento de la economía internacional y de la Organización Mundial del Comercio (OMC). También las medidas tributarias para disminuir la inversión en el exterior de las empresas de EE.UU., podrían violar acuerdos de la OMC y debilitarla. Todo esto podría provocar una lucha comercial internacional que nos debería hacer recordar las duras consecuencias que produjo en los años 30.
Nuestro país tan pequeño y por ende necesariamente abierto y dependiente de los flujos comerciales internacionales, vería disminuidas sus oportunidades externas para el crecimiento.
Sería así aún más importante ser más eficientes pues tendríamos niveles de ingreso potenciales menores. Las reformas en regulación, servicios públicos, infraestructura, sector financiero, educación y competencia interna se tornarían aún más necesarias y urgentes.