Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 9 Julio, 2012


Pecados epistolares


Al refrán “el pez por la boca muere” yo lo corregiría por “el escriba por la pluma peca”, porque las palabras se las lleva el viento, dependen de la memoria y la interpretación de los testigos, y quien las dijo puede reelaborarlas en su defensa. Lo escrito, en cambio, permanece por los siglos de los siglos, Amén.
Y así, lamentándose por lo que escribieron, están el Vicepresidente de la República y el Ministro de Educación. Desde el punto de vista personal los entiendo: ¿por qué no darle una carta de recomendación a una amiga? Yo lo he hecho. Claro, nunca he estado en un puesto público. Según la Procuraduría de Etica está prohibido hacerlas. Seguro tiene razón.
Sin pretender defender a los señores Liberman y Garnier me pregunto, ¿fue gracias y exclusivamente a estas cartas que la firma Procesos ganó un contrato por ¢17 millones para efectuar una campaña de imagen para la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope)?
Recordemos que Recope llamó a tres grandes empresas de materiales de construcción a participar en una licitación con el fin de que los asesoran en relaciones públicas. Ninguna de las compañías invitadas participó; no solo porque no se enteraron del concurso sino por una razón obvia: no se ocupan de esos rubros.
La excusa dada entonces por el presidente de la institución, Jorge Villalobos Clare, fue que la invitación a dichas empresas se trató de un “error humano”. Incluso afirmó que, como él no se dedica a la construcción, no sabía que Macopa, Matco y Aditec se encargan de la venta de materiales. Yo sí lo sabía. Será porque no soy ingeniera química.
El concurso que debía estar abierto durante una semana se limitó a dos días porque a Recope le “urgía” contratar a una empresa de comunicación. Y así, doña Flora Isabel Rodríguez, enterándose por el portal de Recope de la licitación, presentó de forma expedita sus atestados. Entre ellos las famosas cartas.
El señor Villalobos Clare emitió entonces un informe técnico favoreciendo a la firma Procesos de la señora Rodríguez, y en menos de una semana el contrato se adjudicó sin mayores trabas. El presidente de Recope afirmó en dicho informe que “las cinco recomendaciones que adjunta (Procesos)… dan fe de sus servicios”.
Y volvemos a las cartas. En una justa balanza de responsabilidades, ¿qué lado pesa más? ¿El de los que escribieron las cartas o la suma de irregularidades que marcó la contratación? ¿Por qué se pide la cabeza de los señores Liberman y Garnier y don Jorge sigue al frente de Recope?
En un país donde la corrupción ha sobrepasado todo límite, exigirle a doña Laura (que ha tenido que deshacerse de muchos funcionarios, algunos por razones muy serias de corrupción y/o torpeza), que despida a dos de sus piezas fundamentales por unas cartas incorrectas, ¿será lo más adecuado?
El país está al borde del abismo (literalmente: ahí está la caverna de la autopista). No necesitamos que aumente el caos.

Claudia Barrionuevo
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