Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 26 Julio, 2013

Es posible que el viaje del Sumo Pontífice a Brasil termine influyendo en un cambio social


Papa por los infiernos


La visita del papa Francisco a Brasil no deja de ser un gesto histórico lleno de simbolismos, pequeños detalles que han resaltado su carácter común y fuera de lo común, así como su determinación hacia cambios que demarcan un acercamiento a la dura realidad latinoamericana.
La gente no esperaba un Papa en carro pequeño, modesto, con vidrios abiertos, desprovisto de blindaje, casi sin guardaespaldas y un chofer perdido en las calles.
Francisco parece demostrar que la sencillez sí es importante, sus ornamentos y vestidos están privados del oro, incluso en el cáliz con que celebra las multitudinarias misas.
Brasil parece ser el escenario “ejemplar” de América Latina, luego de las extensas jornadas de protestas, protagonizadas por ciudadanos que reclaman a su gobierno acciones más congruentes contra la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades.
El Santo Padre llega en momentos delicados, y sus actos de humildad lo muestran como un líder cercano a los “indignados”, un creciente movimiento en diversas latitudes de quienes frente al poder, la riqueza y las ideologías no encuentran amparo para sus anhelos de una vida con mayor igualdad y dignidad.
Aparte de ser la primera llegada del Sumo Pontífice a su continente, la visita además se centra en un encuentro con la juventud, que a nivel mundial es la población que sufre los mayores estragos de la crisis económica derivada de la voracidad financiera de la especulación y ahora la ha dejado limitada de posibilidades, con altas tasas de desempleo y un incierto panorama frente a sus ojos.
El Papa con sus 76 años lanza una importante interrogante, “¿qué sería de nosotros si no cuidáramos nuestros ojos?”, haciendo alusión a los jóvenes como el “ventanal por el que entra el futuro en el mundo”.
“Nuestra generación se mostrará a la altura de la promesa que hay en cada joven cuando sepa ofrecerle espacio; tutelar las condiciones materiales y espirituales para su pleno desarrollo; transmitirle valores duraderos por los que valga la pena vivir…”
Es posible que el viaje del Sumo Pontífice a Brasil termine influyendo en un cambio social, al tomar entre sus símbolos, el realizar como primer trayecto de peregrinaje a una región, donde aún una minoría acapara el 90% de la riqueza y tal vez más destacable su significativo cariño hacia la juventud.
Una adolescencia que hoy claramente se enfrenta a las tendencias egoístas y hedonistas de la política, de valores diluidos y convertida en un fin en sí misma. “Nuestros ojos” hoy reclaman ante un entorno plagado de homicidios, armas de fuego, drogas, y sumidos en un drama cotidiano de falta de oportunidades. Esto es lo que al menos una gran mayoría latinoamericana sufre.
El papa Francisco piensa y deja como legado significativo para nuestro mundo actual, que el católico —el cristiano en general—, así como el judío o el musulmán o el budista, sin dejar su fe, que es su patrimonio más íntimo, deben bajar al infierno de las desigualdades y colocarse al lado de los que la sociedad de la opulencia y del consumo deja abandonados a su suerte.

Luis Alberto Muñoz