Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 23 Junio, 2016

Con estas palabras me despido de un maestro que se nos adelantó

Paladín de libertades y justicia


Con don Fernando Guier inicié mis primeros pasos en las profesiones de abogado y de notario.  Como asistente suyo pasé muchas horas revisando expedientes judiciales, inscripciones registrales y toda clase de documentación.   Me enseñó cuán importante es para el notario ver y entender lo que trataba y, del mismo modo, lo esencial que es para el abogado ver el expediente, saber qué hay, llevar el control de lo que pasa y estar al tanto de su contenido.  Por su decisión, hice muchos viajes a pie a los tribunales y al registro para actualizar estudios, mirar si había anotaciones y estar pendiente de cómo avanzaba un expediente judicial.   En ello era tan compulsivo como en el uso de la agenda y la programación de la actividad.  Sus enseñanzas en cuanto a ello las agradeceré siempre.
Con el tiempo, también se encontró ocasión para discutir acerca de Unamuno, así acerca de autores importantes para el liberalismo, como Hayek y Friedman. 
Tuve la oportunidad de ser su asistente en una serie de juicios contra periodistas y ver la pasión con que defendió la libertad de expresión. 
En el caso de Stephen Schdmidt, el que marcó su vida, se conjugaron la libertad de expresión y la libertad de enseñanza.  Defendió las libertades con la toga y la pluma.  No todos los abogados tienen la posibilidad de conjuntar de tal modo sus creencias y su profesión.  Él lo hizo con gran pasión y calidad. Stephen Schdmidt, graduado de periodismo en la UACA, al ver que el Colegio de Periodistas negaba el ingreso a sus compañeros de la primera graduación, optó por declarar que no pediría el ingreso, que ejercería su libertad de expresión.  ¡Claro que don Fernando Guier tomó su defensa!  ¿Cómo no lo iba a hacer? 
Fue uno de los fundadores de la primera universidad privada, la Universidad Autónoma de Centro América.  Ello le distinguió de manera importante.  Los fundadores de la UACA constituyeron un grupo especial de pensadores y luchadores.  Recuerdo sus artículos e intervenciones al respecto, con argumentos contundentes y razonamientos dirigidos contra los prejuicios estatistas y monopolistas.
Le gustaba hacer buen uso de la palabra, tenía el hábito de revisar sus escritos y repasar argumentos.  Trabajar con él otorgaba el privilegio de gozar de la revisión de escritos y documentos de parte suya. Prefería la economía de palabras, darle campo al argumento, pero sin abandonar el buen decir. 
Enseñó en la Universidad con dedicación, disfrutaba compartiendo sus conocimientos.
Lector empedernido.  Se contaba que los consejos de don Teodoro Picado le inculcaron la pasión por la cultura y la lectura.  Aconsejaba estar pendiente del diccionario y entender todo, proponía que debía escribirse y hablarse castizamente y según las acepciones propias e inequívocas de los términos. 
Enemigo acérrimo de la corrupción, el estatismo y la demagogia.  Racionalmente convencido de que la libertad es mejor, más humana y garantiza un mejor desempeño económico. 
Con estas palabras me despido de un maestro que se nos adelantó. Mis oraciones por él y un abrazo a su esposa e hijos.

Federico Malavassi