Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 21 Julio, 2016

Es menester una buena dosis de pensamiento, de orden, de razonabilidad y de justicia para ir arreglando el asunto de las pensiones con cargo al presupuesto nacional

Orden, razonabilidad y justicia

Uno de los proyectos de ley que persiguen poner orden en las pensiones y jubilaciones parece exagerar las deducciones que se harán a dichas prestaciones.

Durante años he insistido en racionalizar todo lo relativo a las pensiones con cargo al presupuesto nacional.  He dado luchas duras por cerrar portillos, poner topes e imponer la razón al respecto.  He tenido debates intensos y he sufrido insultos de todo tipo por mi esfuerzo en ese sentido.
Muchas veces he dado batallas por poner topes y mecanismos razonables para limitar estas prestaciones.


Y aclaro, por aquello de la maledicencia en las que algunos caen, que las pensiones de diputados dejaron de otorgarse hace más de 20 años.  Aclaro que no soy pensionado y no tengo condiciones para heredar alguna pensión de este tipo. 
Sin embargo, un análisis del contenido de uno de los proyectos de ley que va camino de aprobación me deja muy sorprendido.  Las deducciones son de tal progresividad y exageración que en determinadas escalas consigue que las pensiones más altas resulten más pequeñas que las otras. 
Es claro que aparecen disvalores como la confiscación, la doble imposición, la desproporción y la irracionalidad.    Si ello se conjuga con buenos alegatos acerca de la irretroactividad y el respeto a las situaciones jurídicas consolidadas, entonces es posible que la Sala Constitucional deba anular tan exageradas pretensiones.
Las viejas metidas de pata no pueden arreglarse con nuevas metidas de pata.  Un desacierto no se arregla con un entuerto.
Es menester una buena dosis de pensamiento, de orden, de razonabilidad y de justicia para ir arreglando el asunto de las pensiones con cargo al presupuesto nacional y la falta de cuidado que se ha podido tener en el pasado.  No se vale venir ahora con medidas irracionales, con desorden y con verdaderas injusticias, porque entonces es innegable que no se busca arreglar las cosas sino hacer circo para el pueblo.
Tomar disposiciones jurídicamente inaceptables es un engaño, pues se aparenta que se quiere arreglar las cosas y, sin embargo, al final no se hace un trabajo serio sino un arrebato pasional que deberá ser anulado por la justicia constitucional.
Un colega ha sugerido que los diputados utilicen la consulta facultativa para que la Sala Constitucional les sople los yerros en que se ha incurrido.  No obstante, deberían los propios diputados meditar acerca de cuál es la mejor manera de llevar racionalidad a este asunto.
Me enojan la exageración y las poses, sobre todo cuando es evidente que así no se arreglará nada.   Se vuelve muy sospechoso este tipo de maniobras, porque tras este tipo de proyectos y exageraciones parece haber una voluntad más bien dirigida a dejar las cosas como están.
Entonces mejor no callar y llamar a las cosas por su nombre.  Este tipo de proyectos de ley, que aparenta arreglar las cosas cuando más bien se hace alarde de irracionalidad y exageración, es demagogia pura, irresponsabilidad política y estulticia innegable.  ¡Así no se arregla nada!