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Jueves, 3 de diciembre de 2020



COLUMNISTAS


Oposición democrática

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 30 octubre, 2020


Sinceramente

Los ciudadanos estamos constitucionalmente autorizados a realizar oposición política a las disposiciones y actos de gobierno y a las leyes dictadas por la Asamblea Legislativa en todo el proceso de formación de estas, desde que surge un proyecto hasta que se aprueba una ley.

Es consustancial con la libertad y con la democracia, así consagradas por la constitución política de Costa Rica, ejercer oposición a todos los actos de los cuales discrepamos. Claro está dentro de los caminos así establecidos por la misma constitución y por las rutas definidas por la ley.

Muchas personas no hacen oposición por temor a que esté prohibida la misma. Muchos sienten que si su oposición no es violenta no es oposición. Otros hacen oposición en apariencia solo para darse a conocer políticamente, adquirir perfil público y no para evitar que las propuestas legislativas o los actos de gobierno se materialicen. Oponerse sin dar una alternativa no se vale. Decir no sin dar razones ni propuestas no se vale.

Por años en Costa Rica, y no es excepción la encrucijada actual, muchos se han opuesto a todo, critican lo que no es criticable y buscan destruir a quienes eligieron los costarricenses en su momento tratando de que su credibilidad sea la menor posible. Es suicida esta actitud porque destruir al país por ganar una contienda no tiene pies ni cabeza.

Resulta indispensable que los ciudadanos muestren su inconformidad señalando causas y detalles de todo cuanto les resulta digno de oposición. Oponerse no es un acto solamente emocional sino uno de racionalidad y de conocimiento también. La oposición a una iniciativa debe de ser proponiendo lo que la ciudadanía encuentra mejor, más viable y más provechoso. Decir no a todo lo que se mueve no es hacer oposición es mostrarse incapaz y destructivo.

Los costarricenses hemos comprobado recientemente la ignorancia del país en general respecto de los derechos ciudadanos y de sus deberes. Muchos creen que tienen derecho a todo y no tienen deber alguno. Muchos creen que es lícito y es conveniente cerrar caminos e impedir la libre circulación de terceras personas. Ese no es derecho, ese es un delito.

Las personas desean por medio de estos delitos imponer a los gobernantes su voluntad y torcer su brazo. También es un delito. Quienes gobiernan son las autoridades electas conforme a la ley cada cuatro años. No es cuestión de imponer desde calles y campos lo que se les antoje.

Muchos creen que es conveniente lanzar botellas con gasolina o cuartos de dinamita contra los cabezales de los furgones llenos de mercadería. Algunos recientemente ardieron. Eso es otro claro delito y conlleva sanciones de cárcel y de multa por los daños civiles ocasionados.

La oposición es lícita, la oposición es conveniente, la oposición es parte del sistema democrático pero los delitos no son parte de esa oposición, sino que solo son parte de una conducta antisocial y delictiva condenable.

Cada cuatro años elegimos gobernantes y debemos conducir nuestras acciones político electorales con civilidad eligiendo a los mejores. Muchos costarricenses se sienten defraudados por su última elección. Pueden estarlo, no me cabe duda de que otro camino podría haber sido deseable para todos, pero esa elección marcó la ruta y generó los costos sociales para el país entero. Hay que elegir siempre bien.

Costa Rica tiene cerca de un 30% de sus electores que no emite sufragio. En las últimas elecciones hemos nombrado diputados en primera ronda, pero presidente y vicepresidentes en segunda. Es el maravilloso sistema que disfrutamos y es conforme a la ley. Muchos señalan que ellos no gustaban de votar y elegir a quien salió electo, pero es claro que un poco más del 60% de los votos emitidos fueron para quien resultó presidente. Su contrincante en segunda ronda despertaba grandes suspicacias en el electorado.

Los costarricenses deben de reflexionar seriamente al emitir su voto y todos, absolutamente todos, deben de hacerlo. El abstencionismo es una falta democrática grave contra el país. El desinterés y el no me importa no ayudan y siempre perjudican

Elegir personas sin destrezas para gobernar es muy perjudicial para el país y todos sus ciudadanos. El llevar candidatos sin la preparación, experiencia y destreza necesaria para hacer leyes o ejercer el poder ejecutivo nos lleva a mayores problemas. No basta que el candidato hable bien y sea simpático.

La elección es siempre un proceso de escogencia de personas calificadas para enfrentar y resolver los graves problemas políticos del país. Ninguna empresa contrata por su sonrisa al gerente general, pero el país elige siguiendo esos motivos y emociones que bien distanciados están de las destrezas requeridas para presidir el país o legislar en el parlamento.

La elección es el momento de conocer y de estudiar los problemas del país, sus causas y sus soluciones. La elección es el momento para encontrar a los ciudadanos que puedan y sepan enfrentar y resolver los mismos para beneficio del país.

Estamos claros que la oposición a un gobierno deriva de una diferencia en el enfoque de los grupos adversarios respecto de los gobernantes. Legítima y conveniente como es la oposición debe de ir a fortalecer el sistema, no a destruir el país y ni a su herencia democrática. La elección de febrero de 2022 es el momento de resolver las preferencias de los enfoques. Nada tienen que ver problemas y personas con aspectos emotivos o distractores sociales. En desviar la atención de lo serio y grave los políticos son muy hábiles.

Hagamos oposición, fortalezcamos la democracia, elijamos correctamente, siempre apuntando a las mejores personas, a las más capacitadas para resolver, a las más diestras para dirigir, a las más integras para gozar del privilegio de contar con gobernantes de una sola pieza. No nos dejemos desviar en nuestra atención por sentimientos y emociones, imágenes y elementos manipuladores que nos sacan de foco.

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