Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 16 Julio, 2015

Tampoco pretendo generalizar, pero el panorama es aterrador

¿Obra de arte?

En su obra “La Cultura del Renacimiento en Italia”, Jacobo Burckhardt (suizo, 1818-1897) acuña la expresión del “Estado como obra de arte”.
El tema es apasionante si uno piensa en el fenómeno de las ciudades-estado o comunas del norte de Italia y gran desarrollo que se logró en ellas, si se evoca la gran cantidad de escritos políticos que inspiran y analizan el fenómeno político que allí se logró y, sobre todo, si se relaciona con la teoría que confunde el Estado con el Derecho.
La expresión podría ser inspiradora. Obtener una comunidad política que sobrelleve con equilibrio la pluralidad, que sea eficiente y armonice con inteligencia la autoridad y la libertad, que obtenga la energía del sector productivo y la justicia del actuar de sus miembros, que respete con integralidad sus instrumentos jurídicos y republicanos para progresar y conservar lo bueno, todo ello sería un arte.
Es como pensar en una gran orquesta que integra todos los instrumentos, los sonidos, los matices, los tiempos, la diversidad de movimientos y se funda en una obra agradable, coordinada y diversa, equilibrada y bien dirigida.
También pienso en esas obras colectivas que, a pesar de contar con diversos autores, logran una fusión agradable y bien equilibrada que le dan un carácter completo.
Asimismo, reflexiono con el símil frente a ciertas obras literarias que integran personajes, capítulos, épocas y diálogos en un resultado genial. Igual puede pasar con algunas películas, que integran y aportan tanto a la vez.
Pero, definitivamente en lo que no puedo pensar en nuestra gestión política actual. Ha resultado desintegradora, irrespetuosa, falaz y llena de remiendos y ocurrencias.
Un grupo de jóvenes descarados pretendiendo aprovecharse de su efímero paso por el poder para consolidarse en él. Típico de la corrupción más redomada. Parangón del “memorando del miedo”. Un sector atentando contra la propiedad privada a través de un proyecto de reglamento de fraccionamientos y urbanizaciones. Un presidente de la Asamblea Legislativa atentando contra el principio democrático. Generalización de iniciativas contra la libertad de expresión y el derecho a la información. Proyecto contra la libertad de enseñanza, escondiéndose las falencias de la educación pública. Abuso en el gasto público y un ministro que aduce que la responsabilidad es del TLC. El juramento de la chancha y el descaro con que se admite que las medidas fitosanitarias son para proteger la producción nacional.
Si se suman los evidentes chascos en el FIA, en la gestión de algunos ministerios y en la pública confesión de que “no es lo mismo verla venir que bailar con ella”, es obvio que no estamos ante una obra de arte sino ante todo lo contrario.
Tampoco pretendo generalizar, pero el panorama es aterrador. En algunas áreas habrá que plantear defensas contundentes ante la ocurrencia que cunde, el descaro con que se hacen algunas cosas y el peligro que corre la verdadera institucionalidad de este país.

Federico Malavassi