Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 13 Abril, 2018

La furia de Gigi Buffon debe ser correctamente interpretada

Después de sancionar como penal, el roce —no la embestida— de Benatia a Lucas Vázquez en el minuto 93 del juego de vuelta de la Champions, entre Real Madrid y Juventus, el joven árbitro inglés, Michael Oliver, de solo 33 años, debe ser escogido de una sola vez, para pitar la final del Mundial en Rusia.
Justo o equivocado, sancionar un penal en la última acción del partido y con lo que estaba en juego, es cosa de valientes y será el panel de la FIFA el que dictará sentencia.
Si lo conduce a la cima del referato mundial por su valentía, quiere decir que avala su decisión, pero si el joven Oliver es congelado, habrá que suponer que sus patronos consideraron que metió la pata.
Quienes tenemos sangre italiana en las venas, estamos molestos con este silbatero y avalamos en todo las duras y hasta irrespetuosas opiniones de Gigi Buffon al final del partido.
“Este hombre es un animal, porque no tiene sensibilidad humana”, le dice el capitán de la Vieja Señora al árbitro inglés.
“Fue cínico porque destruyó el sueño de un equipo y no supo interpretar lo que estaba en juego”.
Escribiéndolo directamente, esa jugada de Benatia sobre Lucas Vázquez, un árbitro con mayor experiencia en Champions y con conocimiento de lo que estaba en juego y de lo que había sucedido con anterioridad en esta serie, no pita penal.
El sacrificio del equipo italiano fue gigantesco y clavarle tres goles al Real Madrid en su patio para empatar la serie, merecía un final más justo que el que dictó el señor Oliver.
Un árbitro con más colmillo, con mayor sentido común no pita penal porque la acción es confusa, no es clara, no fue una falta de penal inapelable. Benatia no embistió a Vázquez; le mete la pierna por la espalda, lo roza y el madridista se tira al zacate como lo hacen miles de atacantes en todo el mundo.
En el juego de ida al “juventino” Cuadrado lo rozaron igual en el minuto 91 y no hubo sanción. Los invito a observar el video.
Entonces, por lo que estaba en juego, por los resultados de los dos partidos, por lo dudoso de la acción e incluso por el minuto en que se produjo la jugada, un árbitro experimentado manda el juego a los tiempos extras, para que la eliminatoria tuviera un epílogo más sensato y justo.
No sé si analizaron el rostro de Zidane tras lo sucedido: cero sonrisas, cero aplausos y una rápida carrera al vestuario. Luego dijo que él no vio el penal.
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