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Sábado, 24 de octubre de 2020



COLUMNISTAS


Nostalgia proteccionista

Emilio Bruce ebjr[email protected] | Viernes 08 mayo, 2020


Sinceramente

En estos días el señor Ministro de Agricultura expresó su descontento por el libre comercio que el país ha adoptado. Es claro, luego de sus declaraciones, que el señor Ministro no cree en la apertura y no era partidario del TLC ni de las leyes complementarias que lo acompañan. Pero esa discusión ya quedó sellada con un referéndum y no vale la pena seguir sobre esa polémica.

El señor Ministro aparentemente no cree en aquellos viejos principios llenos de sentido común de comprar donde las condiciones son mejores y vender donde mejor le compren a uno. “Vende dónde te compren, compra donde te venden”.

El señor Ministro señala que el país desde hace ya muchos años desmanteló la capacidad nacional para producir granos y que el maíz amarillo se abandonó, a pesar de que es sabido que las condiciones agronómicas nacionales no son las adecuadas para producirlo y las económicas aún menos.

El señor Ministro se lamenta de que la producción nacional de frijoles llega solamente a cerca de un 20% del consumo costarricense. Se queja también de que los productores de arroz apenas alcanzan a producir un 35% de cuanto consume el país. Deja entrever que esta situación generará escasez de esos productos para consumo nacional.

Si dependemos de la importación para suplir el 80% de nuestro consumo nacional de frijoles y el 65% de nuestro consumo de arroz, presumo que su ministerio o la dependencia de gobierno respectiva ha levantado desde hace años inventarios de seguridad para evitarle al país fluctuaciones especulativas de precios y retenciones internacionales de producto por parte de quienes maniobran con la escasez para mejorar sus márgenes. La constitución de inventarios de seguridad se puede hacer sin almacenar en silos el grano. Es posible programar anualmente los despachos de grano firmando contratos de futuro para mantener la cadena de reabastecimiento nacional sin problemas.

Muchos se preguntarán por qué no se siembra más en el país de estos granos. El costo de producción de los mismos es mucho muy alto en comparación con los del exterior. Las abultadas diferencias entre el costo costarricense de estos granos y el costo internacional no es algo nuevo. La solución adoptada en el pasado era la del proteccionismo. Se fijaban barreras arancelarias y no arancelarias a la importación de esos granos y se garantizaba también un “precio mínimo de sustentación” de tal manera que los productores tuvieran la certeza que no tendría consecuencia para ellos si el precio bajaba en el mercado internacional, a ellos se les pagaría ese precio de sustentación. Además, se habilitaban seguros de cosechas para asegurar que ante pérdidas ocasionadas por siniestros climáticos o de insectos los bancos no perderían en los créditos extendidos a los productores.

Ese modelo fue funcional entonces a pesar de haber habido casos en los que alguna irregularidad se percibía. Fue un modelo nacido del New Deal de los Estados Unidos y adaptado a nuestro medio. Este modelo era muy caro para el consumidor. El precio del producto era mucho más alto que el que se conseguía en similares condiciones en el mercado internacional.

Poco a poco el país decidió tratar de abaratar el precio de la comida acercándose al internacional. Poco a poco se fue encontrando la herramienta para que produjeran los agricultores nacionales y la importación a su vez sirviera para promediar los precios.

Soy testigo presencial y de excepción de los esfuerzos denodados de los productores de granos. En los casos de productores de 10 o 20 hectáreas de arroz no generaban ni generaran utilidades con los precios actuales de la Corporación Arrocera y sus subsidios. Sus sacrificios no tienen parangón, sus deudas, sus garantías en las que hasta la casita campesina tienen garantizando préstamos dan testimonio de su esfuerzo y de su compromiso con la siembra y la producción. No tiene el país cómo pagárselos. Lo cierto es que los negocios son para ganar y poco a poco ellos han vendido sus tierras o han encontrado otros productos o actividades que les permitan vivir. Los pequeños productores que fueron centenares son hoy unas docenas. Los grandes productores, en razón de su escala, por dilución de sus costos fijos en un mayor número de hectáreas sembradas, han tenido resultados mixtos. Nunca esos resultados son buenos, nunca han podido rentar el costo de la tierra en que siembran. Sin embargo, hasta ahora no han generado pérdidas que los acaben.

El ministro con nostalgia recuerda el pasado lejano. ¿Ha estudiado los costos detenidamente para ayudar a bajarlos? ¿Cuál es la salida empresarial para quienes han dejado su vida en el arrozal o en el frijolar?

Los nubarrones de la pandemia y las especulaciones internacionales hacen prever que los granos suban de precio en el mercado internacional. La FAO, que ha sido siempre de vocación proteccionista, ha afirmado a todos los países en estos pasados días la necesidad de declarar la agricultura como estratégica. Este llamado en una coyuntura de alarma está ayudando a que los precios suban en el corto plazo. Rusia le ha hecho caso y ha suspendido las ventas de granos hasta el primero de julio. Ambos hechos han disparado las voces de alarma dentro y fuera del país. Ahora los precios comienzan a reaccionar a la alza.

Cuando operamos en libre comercio no podemos dejar de tener programación anual de pedidos y compras a futuro de los granos que nos alimentan para fijar precios y cantidades. Cuando operamos en los mercados libres para tener los mejores precios no podemos dejar de tener a mano inventarios de seguridad de lo que nos satisface el hambre. Lo sabemos todos. La responsabilidad recae en quienes están allí nombrados para atender los asuntos públicos.

Espero que el ministro nostálgico haya previsto esos inventarios de trigo, avena, cebada, centeno, sorgo, maíz, arroz y frijoles.

Siempre es bueno tener excelentes directores de orquesta, planificadores, administradores e ingenieros agronómicos. Dejar asuntos y decisiones capitales en manos inexpertas o incapaces producen la magnificación de los conflictos.

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