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Jueves 18 Diciembre, 2008

No olvidar a los más vulnerables


En esta tradicional época de fiestas, es propicio reflexionar sobre lo que dejamos atrás y cómo prepararnos mejor para 2009, con el pensamiento y la acción dirigidos hacia los más vulnerables. Tras cinco años de sostenido crecimiento económico con un promedio del 5% anual, América Latina no pudo escapar a la crisis financiera global y el próximo año verá recortadas sus expectativas de crecimiento a un promedio cercano al 2%. Si bien la región no entrará en una recesión como el mundo industrializado, el golpe se hará sentir.
Es que por primera vez en 30 años, varios países lograron revertir los índices de desigualdad tan marcados en la región. Desde Brasil a Chile pasando por Argentina, El Salvador o Colombia, la pobreza se había reducido en parte como resultado del espacio fiscal creado por mejores políticas macroeconómicas que permitieron generar un gasto social más inteligente y mejor focalizado hacia quienes más lo necesitan. Este nuevo énfasis en lo social se amparó en la puesta en práctica de políticas fiscales y macroeconómicas sólidas que arrojaron superávit presupuestarios, aumentos nunca vistos de las reservas internacionales y una inflación relativamente bajo control.
Pero cuando una empresa importadora en la Unión Europea o Rusia carece de crédito para asegurar la compra de materias primas de la región y cuando simultáneamente los precios de los productos de exportación caen, quienes primero sufren son los trabajadores que quedan sin trabajo.
Tras enfrentar hace pocos meses las crisis alimentaria y energética que derivaron en un aumento de precios de la canasta familiar, ahora los sectores más humildes deben hacer frente a un fenómeno que no fue creado en sus propios países pero que los afecta directamente.
Afortunadamente, los gobiernos de la región son concientes de que ahora es el momento de actuar. En aquellos países en los cuales existen redes de protección social sólidas como Brasil con Bolsa Familia, México con Oportunidades, El Salvador, Panamá, Jamaica y Colombia, hay posibilidades reales de evitar que el impacto de la crisis financiera se transforme en una crisis social, proporcionando fondos adicionales a dichos programas. Así, se podrán proteger las ganancias que en el terreno del desarrollo social y humano se lograron en los últimos años.
Mientras los países ricos continúan preparando paquetes fiscales para estimular la economía, la región debería —con fondos propios— o con asistencia de los organismos de cooperación, priorizar los paquetes con fuerte contenido social para evitar una recaída en los índices de pobreza.
En América Latina, las redes de protección social representan bases sólidas sobre las cuales edificar una plataforma más amplia que cubra a la población más vulnerable y proteja los logros en desarrollo humano ya alcanzados.
Tras casi una década de aprendizaje, los programas de transferencias monetarias condicionadas (TMC), a partir de los cuales la jefa (e) de familia se compromete a que sus hijos asistan regularmente a la escuela o liceo y a los chequeos médicos a cambio de una transferencia monetaria de apoyo. Los TMC asimismo, han permitido que millones de personas sean menos pobres y que muchos jóvenes tengan más oportunidades de recibir servicios y avanzar su educación, extendiendo más puentes para entrar al mercado laboral. Al tiempo que se apoya a los más humildes los TMC, generan una corresponsabilidad en la lucha contra la pobreza.
Ahora, en tiempos de crisis se trata de expandir su cobertura y servicios, para adelantarse al impacto que la misma ha de tener. De hecho, muchas de las redes de protección social existentes en la región y su capacidad han crecido principalmente a través de los programas TMC, desarrollados tras la crisis de inicios de década que afectó a varios países de la región.
El Banco Mundial ha sido un activo impulsor de estos programas y hoy en día coopera con más de $2 mil millones para su ejecución en varios países. En aquellos países con sistemas de protección social ya institucionalizados como políticas públicas, se trabaja en programas de segunda generación, que utilizan los programas de TMC para facilitar el acceso a servicios de capacitación profesional y al mercado laboral.
En otros países como Guatemala y Bolivia se han iniciado nuevos programas enfocados en la población indígena, que dan especial atención a la prevención de la desnutrición o en la distribución de almuerzos escolares como en Haití.
Ser oportuno es esencial. Si la experiencia dicta que en tiempos de crisis como la actual, se debe expandir el gasto publico dirigido a las redes sociales de emergencia, se trata de hacerlo antes que sea tarde y así prepararse para cuando la tormenta pase y la sociedad pueda retomar una agenda vigorosa de crecimiento tendiente a continuar reduciendo la brecha social que en América Latina separa a tantos de tan pocos.

Pamela Cox
Vicepresidenta del Banco Mundial para América Latina y el Caribe