Carlos Denton

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Se supone que hay más contacto y que el servicio sería mejor por las presiones puestas por los vecinos sobre los que ocupan los puestos populares

No más presupuesto para cantones

Los camiones que echan melaza en las calles de Tamarindo y Langosta estaban en acción este fin de año. Miles de turistas nacionales e internacionales agradecieron esta acción que limita el polvo producido en las calles no pavimentabas por el viento y los vehículos que circulan. La melaza es contratada por hoteles, restaurantes que encuentran su servicio amenazado por la suciedad que genera el polvo.
Otra vez incumple la alcaldía de Santa Cruz con estos y otros sectores; prometió pavimentar y no lo hizo. ¿Cómo es posible? No es falta de presupuesto que impide la acción, sino incapacidad administrativa.
Peor la situación en Upala, donde el alcalde ha tenido un plan de emergencias a mano por tiempo importante; advertía el plan que el sector colindante al río era vulnerable. No se invirtió en obras para proteger las áreas peligrosas. Además fue advertido de la llegada del huracán Otto y no implementó ninguno de los procedimientos en el plan de emergencias. Argumentó en una entrevista que los ciudadanos no le iban “a hacer caso”. De nuevo un claro ejemplo de incapacidad.
En cantón tras cantón hay ejemplos de arteriosclerosis administrativa. En San José no obstante las presas y los problemas de movilización siguen saliendo los camiones de basura en horas diurnas para recoger los desechos; a nadie se la ha ocurrido poner un horario de 9 de la noche a 5 de la mañana como se hace en cualquier ciudad del mundo del tamaño de la capital costarricense.
Estos son algunos ejemplos del nivel de capacidad de los gobiernos cantonales. Hay quienes argumentan que la solución de la incapacidad evidenciada de parte del Gobierno nacional en lo que son obras públicas, seguridad personal, asistencia social y otros es de pasar partes del presupuesto a los cantones. El marco teórico del argumento es que los gobiernos cantonales están “más cerca de la gente”. Se supone que hay más contacto y que el servicio sería mejor por las presiones puestas por los vecinos sobre los que ocupan los puestos populares.
Es cierto que los gobiernos cantonales celebran una audiencia semanal donde cualquier habitante puede llegar a dar opinión, registrar una queja, plantear una acción o simplemente escuchar lo que se dice y hace. Pero otra cosa es si una queja lleva a una acción de mejoría o si es una manera de hacer sentirse mejor al ciudadano; siente este que alguien lo escuchó.
No es imposible que los cantones trabajen bien. En un tiempo el cantón de Garabito era un ejemplo para los demás; trabajando con la comunidad y con el apoyo de empresarios de la zona lograron limpiar y patrullar las playas y establecer una imagen de limpieza y frescura. Prohibieron caballos en la playa y el uso de la misma como una zona de estacionamiento. Por razones especiales la relación alcaldía-ciudadanía sufrió un desmejoramiento y ahora es un cantón más.
Por el momento no hay que dar más recursos a los cantones.
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