Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 2 Agosto, 2013

Entre cielo y tierra

La Virgen de los Ángeles da un sentido de identidad al costarricense, se quiera aceptar o no, por el desenlace de una historia en la que se mezclan arquetipos fundamentales de nuestros orígenes


Negrita de tres siglos

Sorprende sin dudas que el multitudinario peregrinaje hacia una estatuilla de 20 centímetros convoque, de manera ininterrumpida, a más de dos y medio millones de personas cada año, entre ellos costarricenses, nicaragüenses, de diversos estratos sociales.
Es admirable también que, desde su hallazgo, esta celebración se realice hace unos 370 años, algunos dirían que más, otros que menos, lo relevante es que se convierte en una de las más antiguas manifestaciones culturales como pueblo, alrededor de una misma creencia, o valores.
La Virgen de los Ángeles nos da un sentido de identidad nacional, se quiera aceptar o no, por el desenlace de una historia en la que se mezclan arquetipos fundamentales de nuestros orígenes: los españoles, la Iglesia Católica, la conquista, la cultura mulata, afrodescendientes e indígena, la vida campesina, el fervor precolonial en la búsqueda de algo más allá.
Más recientemente, la Virgencita sigue generando de qué hablar. Por ejemplo la prohibición de la romería en 2009 por la gripe A (H1N1), no logró detener a un importante número de personas que decidieron hacerla días antes o después en desacato al Ministerio de Salud.
Durante el actual gobierno, la caminata presidencial de doña Laura Chinchilla se ha convertido en una tradición que logró perdurar en sus cuatro años de mandato.
La Patrona incluso ha incursionado en las últimas tecnologías y redes sociales, como lo fue el caso de la “romería virtual”, seguida ahora por otras páginas de carácter más comercial que esperan aprovechar esta celebración para popularizarse.
Sin dudas, de una u otra forma, la Negrita ha ido moldeando la mentalidad en Costa Rica, de maneras directas y algunas que pasan por debajo de la epidermis del tico.
Aún tras la fuerte influencia de corrientes externas y modas en un mundo cada vez más integrado, el 2 de agosto continúa teniendo su espacio en la vida nacional, constituye una herencia que difícilmente se borre.
Simplemente no existe un porqué, algunas tesis de tonos antropológicos han querido explicar esta adherencia del tico a una tradición que muestra el enorme mestizaje que ha formado a lo largo de su historia a nuestro noble pueblo.
Intentar separar esta dimensión de fe y esperanza del costarricense es querer ver nuestra realidad desde un punto de vista limitado. 

Luis Alberto Muñoz

@luisalberto_cr