Nuria Marín

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Lunes 4 Mayo, 2009


Creciendo [email protected]
Necesitamos un nuevo ICE

El lunes 20 me aprestaba a iniciar una intensa semana laboral. Todo quedó en intenciones por un robo de cableado en el sector aledaño nada menos que al ICE de San Pedro, que provocó la suspensión de los servicios de Internet y las conexiones telefónicas fijas por largas horas.
Esta no es la primera vez que nuestras labores se interrumpen. Sobran las excusas: lluvias, la falta de estas, robos, el estallido de un transformador, un choque, la falta de capacidad para cubrir la necesidad nacional (ej. turbinas Moín III en 2006).
La zona de la que hablamos es una importante área empresarial, profesional y comercial a la que se le resta competitividad, y sin embargo, la historia se repite una y otra vez sin respuesta adecuada.
Con esta desidia gubernamental se juega con nuestro tiempo, nuestros costos de producción y nuestra productividad, ¡en tiempos de crisis! Se nos obliga a hacer innecesarias inversiones como por ejemplo la adquisición de plantas eléctricas ($25 mil), contratar un servicio privado de Internet como back up, y comprar caros reguladores de voltaje.
En cuanto a la telefonía móvil, actualmente con un faltante de 500 mil líneas y con serios problemas de cobertura, para quienes tenemos la dicha de contar con el servicio, requerimos muchas veces otra tecnología (TDMA) y estamos condenados a los malabarismos propios de la búsqueda de señal.
Paradójicamente la crisis nos salvó de mayores apagones en el verano, no así de la burocracia ni de la compleja legislación que inhibe la pronta disminución en los costos de la electricidad a pesar del menor precio del petróleo.
El ICE con el que crecimos y admiramos de momento no existe. Otrora motor y promotor de la producción nacional, sus deficiencias se han convertido en un obstáculo para el desarrollo.
Sea por las mal concebidas amarras de contratación (que no han impedido la corrupción), por la falta de dinero, por malos gobiernos o la decisión de sacrificar la inversión para mantener la estabilidad macroeconómica, lo real es que Costa Rica está pagando el precio de sus malas decisiones.
Es hora de revertir el proceso. Las disminuciones en el precio del petróleo, en los materiales de construcción y la mano de obra, junto a la necesidad de promover el empleo, se presentan como la perfecta oportunidad para el Estado de promover importantes inversiones en infraestructura.
La cobertura, costo y calidad de la energía y las telecomunicaciones en el mundo de hoy son un requisito para la competitividad y desarrollo de los países, pueden convertirse en una poderosa arma educativa y democratizadora de la producción y de las oportunidades, especialmente para las pymes.
Las inversiones oportunas de hoy redundarán no solo en el crecimiento sino en la concreción de un país de oportunidades para el mayor número. Por el bien de los costarricenses, pasemos de los planes a los hechos, y no desaprovechemos esta oportunidad.