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COLUMNISTAS


Monopsonio

Leiner Vargas [email protected] | Martes 05 marzo, 2013


Tanto el monopolio como el monopsonio deben de ser regulados por un tercero independiente, en el caso de que el bien o servicio sea considerado de interés público


Reflexiones

Monopsonio

Los mercados suelen funcionar bien cuando existe competencia y reglas que autorregulan el poder de mercado de sus agentes.
Casos extremos del funcionamiento de los mercados son el monopolio —cuando existe un único vendedor— o el monopsonio —cuando existe un solo comprador—.
En Costa Rica tenemos con frecuencia situaciones donde nos interesa defender al consumidor, dado el efecto en bienestar que provoca la existencia de poder de mercado, pero pocas veces nos ocupamos de los monopsonios y su efecto en el precio y la calidad de los productos que se venden en dichos mercados.
Al igual que los monopolios, los monopsonios tienen resultados perversos para la sociedad, dado que utilizan su poder en el mercado para comprar en condiciones que no son competitivas y provocan decisiones de compra que no permiten optimizar la producción y el costo de la misma. Esta es la razón por la cual, tanto el monopolio como el monopsonio deben de ser regulados por un tercero independiente, en nuestro país, la autoridad reguladora —Aresep— en el caso de que el bien o servicio sea considerado de interés público.
El ICE es un monopsonio en el mercado eléctrico, que además tiene a cargo la administración del despacho de la energía, lo que produce resultados de mercado que resultan alguna veces contradictorios.
Por ejemplo, no en pocas ocasiones la decisión de despacho, la distribución de fuentes y orden de despacho para cubrir la demanda, resulta algunas veces ineficiente. Es decir, se distribuyen las fuentes disponibles en tiempo y espacio de forma que no se garantiza la minimización intertemporal del valor mínimo posible de la potencia y la energía del sistema.
Es poco razonable por ejemplo, que en lugar de comprar energía de la biomasa proveniente de los residuos sólidos municipales, que cuesta alrededor de 18 centavos de dólar por kilovatio y que podría generarse más cerca de la demanda, reduciendo los costos por perdidas técnicas de transmisión, se compra energía térmica con fuentes no renovables y que dado los precios del petróleo es dos y hasta tres veces más cara.
Esta es claramente una decisión económica ineficiente que termina en una ecuación de costos que se transfiere a los precios de venta de la energía, generando un crecimiento real de los costos que todos los consumidores pagamos en el mercado eléctrico.
La solución sería eliminar la integración vertical del sistema eléctrico, generando condiciones para que las compras y las ventas de energía no se realicen por el mismo actor empresarial.
Lo anterior es independiente a la figura pública empresarial que participa. La forma de propiedad no debería confundirnos al organizar la arquitectura del mercado eléctrico o cualquier otro, dado que sin quererlo, podríamos estar fomentando la explotación del consumidor ya no por el monopolio sino por el monopsonio, integrado al primero.

Leiner Vargas Alfaro

[email protected]


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